domingo, 31 de enero de 2010

Visión y exploración espacial

Hace un tiempo vi un capítulo de la serie original de Star Trek que contenía un fragmento que me llamó mucho la atención. En el capítulo, el capitán Kirk junto con Spock acaba viajando en el tiempo y en el espacio a la Tierra de principios del siglo XX, a la que llegan en plena depresión económica, en los Estados Unidos del año 1930. Por diversas circunstancias acaban en una especie de comedor social, en el cual su atractiva directora, Edith Keeler, tiene por costumbre dar un discurso durante la comida. Éste es considerado con sorna por los mendigos que iban por allí, que bromeaban diciendo que tener que aguantarlo era el precio a pagar por comer en ese lugar. Sin embargo, nuestros dos protagonistas se encuentran de repente frente a un visionario discurso, parte del cual dice lo siguiente:

Bien, no pretendo deciros cómo encontrar la felicidad y el amor, cuando cada día es una lucha por sobrevivir. Pero sí insisto en que sobreviváis, porque vale la pena vivir por los días y los años que vendrán. Un día, pronto, el hombre será capaz de aprovechar energías increíbles. Quizá, incluso el átomo. Energías que podrían a la larga llevarnos a otros mundos en alguna nave espacial. Y los hombres que salgan al espacio, podrán encontrar formas de alimentar a los millones de hambrientos del mundo, y de curar sus enfermedades. Podrán encontrar una forma de darle a cada hombre esperanza, y un futuro común. Y por esos días, vale la pena vivir.


La mujer siguió hablando, pero el resto sigue de fondo mientras los protagonistas, tan sorprendidos como yo, empiezan a hablar entre ellos conociendo el verdadero alcance de las cosas que acababan de oír. Y es que en el tiempo del que provenían, todas esas predicciones eran ciertas.Yo mismo no pude dejar de pensar "qué razón tiene" mientras la escuchaba. Es cierto que siendo un viaje al pasado los guionistas lo tenían más fácil para hacer este tipo de predicciones, pero hay que recalcar que el episodio mismo data del año 1967. El programa Apolo aún estaba en sus inicios, y ningún ser humano se había alejado aún de la órbita baja terrestre.

Sin embargo, los años posteriores vieron muchos avances. Apenas año y medio más tarde, los astronautas del Apolo 8 tomaron las primeras fotografías que mostraban la Tierra como una frágil esfera suspendida en el espacio, ayudando a que se tomara conciencia global e iniciando el movimiento ecologista. Los satélites artificiales nos permiten hasta nuestros días las comunicaciones con casi todos los puntos del planeta, la monitorización de la meteorología y la superficie permite alertar a las zonas que pueden ser afectadas por catástrofes naturales y coordinar las operaciones tras su paso, se pueden controlar los avances de plagas o especies en extinción, o incluso seguir las condiciones de grandes áreas de cultivos, mejorando la producción o previniendo posibles hambrunas. El estudio de otros planetas mediante sondas nos hace aprender sobre los procesos que dominan las atmósferas y los cambios a escala más global, permitiendo su aplicación al entendimiento de éste en el cual vivimos, y el mandar personas al espacio contribuye a comprender mejor el funcionamiento de nuestros propios cuerpos.

El mero hecho de desarrollar métodos para estudiar o poblar el espacio produce una gran cantidad de tecnologías derivadas, algunas de las cuales se apuntaron en Ciencia Kanija el otro día. La propia NASA tiene una página entera dedicada a esto, donde pone de manifiesto los avances producidos en medicina, transporte, seguridad, medio ambiente, computación, productividad industrial, e incluso en la vida cotidiana. No hace falta decir lo mucho que ha contribuido la tecnología espacial al desarrollo de la energía solar, y también ha ayudado a mejorar la eólica.

En un futuro, el surgimiento de bases en la Luna, en hábitats espaciales o incluso en Marte conllevarían el desarrollo de mejores sistemas de reciclaje de recursos y de producción de alimentos, que podrían utilizarse en la Tierra para reducir el nivel de contaminación y el hambre respectivamente, y la conquista de nuestro satélite podría proveer de los materiales para construir centrales de energía solar orbitales, por ejemplo, a un coste mucho más reducido que desde la superficie terrestre. La presencia humana fuera de la magnetosfera terrestre haría necesaria la investigación en métodos de protección de radiación y prevención o tratamiento del cáncer, y la mejora de las tecnologías de energía nuclear, tanto de fisión como de fusión, podría solucionar tanto gran parte de los problemas energéticos como del viaje espacial, produciendo avances en ambos campos. El potencial de mejora es enorme.

Por todo esto, me resulta difícil concebir que aún haya tanta gente pensando que la exploración espacial es algo secundario, a la que no debería dedicársele muchos recursos porque ya se gasta en ella demasiado (no es cierto), y que habría que centrarse en los problemas terrestres primero. Phil Plait, autor del blog Bad Astronomy, ha escrito sobre este tema más de una vez.

Y es que Edith Keeler tenía razón. Es más, puede que la exploración del espacio sea la mejor forma posible de solucionar los problemas de aquí abajo, en éste, nuestro mundo de origen.