domingo, 22 de noviembre de 2009

El misterioso caso del niño que levitaba. 2ª parte

> Ver la primera parte <


De modo que era eso…

Tras ver el vídeo un par de veces, me giré hacia A y le dije "Mira, yo todo lo que veo aquí es cómo levantas los talones y el pie izquierdo apoyándote en la punta del pie derecho, que queda detrás y no se ve en el vídeo". Fin de la historia. Un fraude. Entre sus gritos de indignación me dirigí hacia la puerta para avisar a los demás cuando de repente su tono cambió por completo. "Eh, lo has clavao, lo has clavao", me dijo antes de que me diera tiempo siquiera a abrir. "¿Crees que los otros se lo creerán?", continuó. El oír esto me pilló de sorpresa. ¿Ahora me tomaba como su aliado?

Sin embargo el tema tenía más miga de la que podía aparentar en un principio. Me detuve a pensar: ¿qué pasaría si iba con el resto y les contaba mis conclusiones? ¿Las aceptarían sin más? ¿Confiando en mi criterio sin cuestionárselo? Recordé lo que sucedió en una clase de tecnología, más de dos años antes, cuando el profesor pidió que levantáramos la mano si pensábamos que la respuesta correcta a una pregunta era una cosa u otra. Decidí probar a no hacer nada en la correcta y levantar la mano en la errónea, y pude ver cómo absolutamente toda la clase respondió mal fijándose en qué contestaba yo. Fue divertido y amargo al mismo tiempo. Es duro contemplar directamente la facilidad con que las personas delegan en otras el esfuerzo de pensar por uno mismo las cosas, de aplicar el sentido crítico. ¿Ocurriría aquí lo mismo? Siempre podía convertir esto en la broma de este año haciendo un pequeño experimento (sí, solía gastar una broma por el estilo cada verano).

De modo que me puse manos a la obra. Le dije que los brazos no eran visibles en el vídeo al estar manteniendo el equilibrio con ellos, así que si trataba de hacerlo con las manos apuntando hacia abajo con los brazos cerca del cuerpo tal vez sería mejor. Le costó más mantenerse pero no fue un gran problema. También se hizo alguna toma con B pasando la funda de algún videojuego por debajo de sus talones para añadir credibilidad. Cuando estuvimos satisfechos con el resultado fuimos al salón donde estaba el resto, y ante la dificultad con que me estaba encontrando para reprimir la risa, traté de enmascararla con una gran sonrisa de satisfacción.

"¡Ya sé cómo lo hace!", dije. Los vídeos se mostraron a los presentes. "Pero… ¿levita de verdad?", preguntó alguien. Mi respuesta fue directa: "¡Sí!" Y a continuación dije algo así como que podría estar relacionado con el equilibrio de electrolitos, el metabolismo… y cosas que cualquiera con conocimientos de bioquímica sabría que no tiene mucho sentido. Pero ninguno de ellos había cursado la biología de segundo de bachillerato, así que estaba en ventaja respecto a eso. Las reacciones fueron variadas: algunos no acababan de creérselo, pero no dijeron mucho; una persona (la llamaremos, en un alarde de originalidad, "D") comprendió realmente todo lo que esto implicaba y uno podía ver por su expresión cómo su cabeza daba vueltas porque todo lo que daba por supuesto acababa de dar un vuelco increíble… y C, el hermano de B, dos años mayor que yo, me abordó cuando estaba solo y me dijo "Oye, es mentira, ¿no…?", queriendo preguntar que si estaba gastando una broma. Le respondí afirmativamente, y se convirtió en un cómplice. Me dijo que él había notado el truco en el vídeo por lo mucho que se tensaba el gemelo de la pierna derecha de A, que soportaba todo el peso. Era bueno. Al menos una persona más se había dado cuenta con el primer vistazo.

En cuanto al resto, a cada pregunta que hacían yo respondí como si fuera absolutamente cierto. Quería ver hasta dónde podía llegarse con esto antes de que el asunto se descubriera. No recuerdo los detalles generales de cómo evolucionó el tema (hubo comentarios y similares aunque no muchas conclusiones), pero no mucho después casi todo el mundo se fue yendo a casa, ya que era tarde. No obstante, D, junto con mi hermana, insistió en que le confirmásemos cómo podía ser. Pensando posibilidades, pronto intentaron ver si con determinadas posturas de los pies podría lograrse. "Casi… muy cerca…", pensaba yo mientras tanto, alegre aunque siguiera insistiendo en que la levitación se había producido. Conforme se acercaban más y más a lo que ocurrió realmente, C empezó a decir "tal vez…", "podría hacerse así…", y yo por mi parte decía que era hora de que mi hermana y yo subiéramos a casa ya. Pero poco después dieron con la postura correcta, y al parecer C les confirmó sus sospechas, de modo que vinieron a preguntarme a mí. Mi respuesta fue algo confusa: "¿Eso os ha dicho…? Pues no sé…", y ni confirmé ni desmentí nada. La cara de mi hermana indicaba que no se creía nada de lo que estaba diciendo mientras subíamos, y la risa volvía a hacerse difícil de aguantar. Sin embargo, cuando estaba en la cama le mandé un SMS a C diciendo que con suerte tal vez el día siguiente se pudiera mantener todavía, ya que les había hecho dudar ligeramente de nuevo. Me respondió que sí, que la mantuviese, que era divertido.

Sin embargo, al día siguiente, antes de que pudiéramos hablar del tema, mi hermana se acercó a mí con cara recelosa y me dijo que me había cogido el móvil y había visto el SMS. Aquí la risa ya no la pude retener. Me hacía gracia que la cosa hubiera llegado a ese extremo. Así que estando en la playa ya desvelamos lo que había ocurrido realmente. En general la impresión fue buena. Al principio pensaban dejar que yo desvelara el asunto, pero cuando se vio que no podían fiarse de mí para este caso concreto, algunos de ellos buscaron la explicación por sí mismos. Al menos había promovido algo de escepticismo, que era la razón principal de hacer esta broma en primer lugar.

Y mi hermana es capaz de leerme los mensajes del móvil… Pero bueno, tal vez en este caso el fin justificara los medios.


domingo, 25 de octubre de 2009

Actualización sobre Star Wars: Threads of Destiny

Mientras escribo la entrada siguiente (y dejo un poco más la intriga), quería hacer un pequeño informe sobre el estado de este fan film en el que estoy trabajando, del que ya hablé anteriormente.

Lo primero que se habrá podido comprobar es que la película no se terminó antes del 30 de mayo, como se indicaba en el último tráiler, pero continúa habiendo progresos. En el momento de escribir esta entrada, el número de tomas cuyos efectos visuales están completados asciende a 1107, de un total de 1898, haciendo un 58%, y va aumentando día tras día. Hay que tener en cuenta que esta película es un largometraje de 2 horas de duración, en el que trabajamos un grupo de personas en nuestros ratos libres (Star Wars: La Amenaza Fantasma fue completada en 5 años con un equipo mucho mayor de profesionales totalmente dedicados a ello, yo creo que el progreso logrado en 10 años en cuanto a lo que pueden hacer los fans sigue siendo notable).



En cuanto a la cantidad de tomas que faltan por completar, aunque pueden parecer muchas, casi todas pertenecen o bien a la impresionante batalla espacial del principio de la película (arriba hay una pequeña imagen ;) ), o bien a una gran cantidad de tomas en palacio en la segunda mitad. Para estas últimas los fondos en 3D aún no están completados, pero cuando se terminen, gran parte de escenas podrán ser terminadas rápidamente. Yo, como algunos ya sabéis, me dedico a animar tomas de algunas de las naves en el espacio, y estos días terminé dos de ellas en torno al planeta Coreign. Me encanta cómo queda este planeta en los renders.

Para seguir los progresos recomiendo la sección de blogs de la página principal de Threads of Destiny, cuyo dominio ha cambiado, y ahora la dirección es www.threadsofdestiny.info. Pinchando en blog se puede acceder tanto al blog del director Rasmus Tirzitis como al del coordinador de efectos especiales Kristian Nilsen. También hay dos cuentas de Twitter: en @todvfx, miembros del equipo de efectos visuales (generalmente Kristian) informan de progresos y tomas completadas, mientras que en @ToDSounddesign, Danijel P Djuric, el encargado de todos los efectos de sonido, relata poco a poco cómo va añadiendo efectos.
En estos medios se informará también de la subida de nuevos vídeos al Canal de Youtube del film. También existe un grupo de Facebook por si alguien quiere unirse.

Y por último, y también por si alguien no entiende inglés, podéis simplemente hacer preguntas en los comentarios de esta entrada o en el ChatBox de la derecha ;)


El misterioso caso del niño que levitaba. 1ª parte

Verano de 2006. Un período de tránsito entre dos etapas diferentes de mi vida, un período vacacional que comencé deseando no volver a tener que estudiar en meses, tras esas últimas semanas de estrés que culminaron en los tres días de exámenes de selectividad. Fue esta circunstancia la que me hizo llegar unos días más tarde a la playa donde veraneaba normalmente todos los años. Cuando por fin pude hacerlo, no sabía que allí me esperaba uno de los más inquietantes misterios a los que he tenido que enfrentarme personalmente. Un suceso que desafiaba las leyes de la física tal y como las conocía, y que tal vez, sólo tal vez, diera un vuelco a gran cantidad de creencias acerca de lo sobrenatural. Esta historia llevo queriendo escribirla desde los comienzos de la existencia de este blog (fue una de los motivos por los que lo creé), pero por unas razones u otras la he ido posponiendo, hasta ahora. Todo lo que relataré a continuación, exceptuando posibles fallos de memoria, es completamente verídico.

Todo empezó con normalidad. Me reencontré con amigos a quienes no veía desde el año pasado, nos contábamos brevemente cómo había ido el curso y, como yo fui de los últimos en llegar, se relató alguna anécdota que había ocurrido allí en mi ausencia. Sin embargo había una cosa que al parecer estaban esperando decirme para ver qué opinaba. Mirándose entre ellos y entre sonrisas me contaron que había un niño al que yo aún no conocía (llamémosle A), que parecía ser capaz entre otras cosas de levitar sobre sus pies. Me dijeron que lo habían visto todos ellos y algunos amigos más, que se levantaba unos 5 ó 10 centímetros del suelo con los pies juntos y podías pasar la mano por debajo para comprobar que no había nada. Decían también que hacía flexiones sobre la superficie del agua, y puede que una cosa más que no recuerdo. Me quedé intrigado. Yo ya era desde hacía tiempo lo que podría llamarse la "autoridad científica" (o el "friki", "nerd", etc.) del grupo, y no parecía que aquello lo dijeran en broma, sino para que les confirmase si eso era o no posible, o cómo podía ser. Yo me quedé pensativo ante esta noticia. Todo lo que sabía de ciencia me decía que aquello no era posible, pero ¿con tal cantidad de testigos? Esto era algo que tenía que tener en cuenta. De modo que, como en un truco de magia, pasé directamente de negar los hechos y me dediqué a pensar cómo podría hacerse. Les comenté que, para la flexión sobre la superficie del agua, tal vez arqueando la espalda hacia atrás a la vez que se estiraban los brazos hacia abajo haciendo muy poca fuerza sobre la superficie del agua, con un movimiento rápido, tal vez pudiera lograrse el efecto. Pero con la información de que disponía no podía estar seguro de nada. Unos cuantos testimonios verbales no eran suficientes para sacar algún tipo de conclusión. Necesitaba verlo con mis propios ojos.

Dos días pasaron en los que alguno de los que no estaban presentes en la conversación anterior confirmaron lo que habían visto (o notado incluso al pasar la mano), hasta que por fin coincidimos con el tal A en la playa. A una cierta distancia en el agua, sabiendo que le veíamos, hizo alguna de esas flexiones, aunque sin gafas me resultaba difícil verlo en detalle. Pero sólo hacía una a la vez y bastante brusca, no repetidas, lo que me resultó… interesante. No se dedicaba a hacer el ejercicio repetidamente como me había sugerido lo que me contaron. Ese mismo día pude hablar por primera vez con él. No empecé haciendo preguntas directas, y además él insistió en que no se enterasen sus padres, porque no sabían nada y no quería que le tratasen como a alguien extraño, algo que comprendería en caso de que fuera verdad. Actuaba como si en realidad no quisiera llamar demasiado la atención. De modo que mi pregunta fue la siguiente: "¿Desde cuándo notaste que eres capaz de hacer esas cosas?". Su respuesta, en un momento así, me resultó especialmente chocante. "Un amigo me enseño a hacerlo el año pasado", me dijo. Pocas cosas me esperaba menos que eso. ¿¿Qué?? ¿Un amigo? Después de pensar en cómo podía ser posible que este niño fuera capaz de elevar sus pies del suelo sin tocarlo, dejando un hueco suficiente como para pasar la mano por él, rompiendo con importantes partes del conocimiento aceptado hasta el momento, ¿resulta que un amigo puede enseñártelo y lo dominas en menos de un año? La credibilidad que le había ido otorgando hasta ese momento se fue por los suelos. Realmente necesitaría verlo por mí mismo para pensar que lo que corroboraban tantos testigos realmente era posible.

Y la oportunidad llegó, no recuerdo si ese mismo día o el siguiente. Dada la enorme cantidad de gente que hay en la playa, la levitación se haría en el agua, donde los que estábamos muy cerca podríamos verlo, pero no sería obvio para todo el mundo. No me habían mencionado antes este detalle. Al parecer todos los que le habían visto levitar lo habían hecho así, y comprobando rozando con las manos las plantas de sus pies que no estaba tocando el fondo. Hmm… otra pequeña decepción, ya que esperaba verlo flotar en el aire por encima de la arena, pero de todas formas seguí adelante. Cuando llegamos a la profundidad a la que se sintió cómodo para hacerlo e iba a empezar, caí en la cuenta de algo importante. Y es que para pasar la mano por debajo de sus pies tendría que introducir parte de la cabeza bajo el agua, impidiéndome comprobar si se apoyaba en alguien por encima de la superficie o algo similar sin que yo lo pudiera ver. Muy listo. Cuando dijo que lo iba a hacer y al ver que no me apoyaba en el fondo, le dije que adelante, que estaba preparado. Sería uno de mis pies lo que pasaría por debajo de los suyos.

Sin embargo no salió muy bien. Al parecer el usar el pie en vez de las manos hizo que perdiera el equilibrio, pero de todas formas yo no noté nada indistinguible de lo que habría pasado si simplemente se hubiera apoyado en los talones y levantado la parte delantera de sus pies, y así lo dije. Una demostración en el agua no parecía ser suficiente para ver las cosas claras, de modo que se acordó hacerlo más tarde en "tierra firme". Nos dijo que eso sería más difícil y que tendría que hacer algunas pruebas antes, y esa tarde, mientras estábamos los amigos también en la playa, A pasó el rato con B, el hermano de uno de los del grupo (a quien llamaremos C) detrás de unas casas haciendo intentos, tratando de que no les viera nadie.

Más tarde parecían haberse dado por satisfechos, pero no obstante, alegando que el esfuerzo le cansaba y no querían que les viera gente, dijeron que A nos lo mostraría esa noche en casa de B y C, para poder descansar mientras tanto, y que estuviese todo más bajo control. De modo que por la noche nos reunimos todos los amigos, como solíamos hacer algunos días, y esperamos. Allí nos informaron de que a A realmente le costaba hacerlo fuera del agua delante de tanta gente, de modo que lo que harían sería grabarlo en vídeo en una habitación y que cuando lo tuvieran listo me lo enseñarían. Me resultó curioso, pero insistieron en que fuese yo el único en verlo al menos la primera vez. Yo sabía que B ya me tenía bastante calado y que era consciente de que sería difícil engañarme con algún truco. Parecía que algo de eso se reflejaba en su cara, pero ¿quién sabe? ¿Sería todo una farsa como sospechaba? ¿O tal vez el usar el pie en el agua en vez de la mano realmente le impidió demostrarlo bien? La verdad es que con el pie fue todo algo más brusco de lo que hubiera esperado. Y si de verdad se ponía nervioso y le costaba más realizar la proeza, sería algo a tener en cuenta. De todos modos, no tenía más que esperar a que se dieran por satisfechos con la grabación. No tardaron demasiado. Cuando ya lo tenían en la cámara, me dijeron que fuera, entré, y cerraron la puerta. En la pantalla de la cámara de fotos digital que me tendían se veían sus piernas, grabado desde la parte trasera izquierda. Desde luego si se le veía levitar desde ese ángulo, no tendría los tobillos apoyados en ningún sitio. Todo lo que tenía que hacer era pulsar play, y así lo hice. En ese momento pude ver cómo empezaba a elevarse, con algún amago de pérdida de equilibrio, y bajar de nuevo…

Y entonces lo comprendí todo.



NOTA: Si alguna de las otras personas que vivieron el suceso lee esta entrada, ruego que no revelen nada de lo que sucedió a continuación. Dentro de unos días haré otra publicación con la segunda mitad de la historia, y todas sus implicaciones…

miércoles, 7 de octubre de 2009

La Ciencia en España no necesita tijeras

Como algunos sabéis, ahora mismo estoy en Leeds, Reino Unido, estudiando mi cuarto año de lo que en España sería la licenciatura en Física. Algunas de las razones para venirme de Erasmus aquí, aparte de las perspectivas de pasar un año fuera, de mejorar por fin mi inglés hablado y conocer a un montón de gente nueva y variada, eran las posibilidades que podía ofrecer un sistema educativo diferente y tal vez más adecuado a cómo me gustaría que fuera mi paso por la universidad. Había oído que la Universidad de Leeds era buena en Astrofísica, y el poder estudiar algunas asignaturas más dedicadas a esta rama era algo que me atraía bastante.

¿Y por qué cuento todo esto en una entrada así? Pues porque una de esas asignaturas, la que tal vez más me interese de todo este año, consiste en realizar un proyecto de investigación. En empezar a entrar en serio en el mundo de la Ciencia, realizando una contribución real, aplicando los conocimientos adquiridos en clase a situaciones que distan mucho de ser una aproximación didáctica. Y es que me gusta investigar. La Astrofísica es mi vocación, y el poder dedicarme profesionalmente a ella es una de mis mayores metas. Este año ya traté de empezar a investigar en serio solicitando algunas becas a instituciones como el CSIC o el IAC, y aunque no logré ninguna me quedé a las puertas (literalmente). Algunos amigos míos sí lo consiguieron, pero puede que ahora vea las cosas con una perspectiva ligeramente distinta.

Veamos. Antes que nada, hay que recalcar que estas becas de investigación se llevaron a cabo en el verano tras terminar tercero de carrera, ya que antes era totalmente impensable que a uno lo eligieran. El número de becas es obviamente limitado, lo que implica que se establece una "feroz" competencia para conseguirlas, y sólo aquellos con mejor expediente académico y currículum las obtendrán, ganándose así la oportunidad de aprender realmente cómo hacer investigación científica de primera mano. Pero pensándolo un poco más, esta (quizás utilísima) formación extra tiene lugar a expensas del tiempo libre del estudiante, que en realidad dedica el verano a estar empleado en uno de estos centros como becario en determinada línea de trabajo.

Y ahora me encuentro en Inglaterra, formando parte de un pequeño proyecto de investigación en Astrofísica, y que consta como una asignatura de tercero de la carrera. Una asignatura que cualquiera puede elegir. Haciendo investigación de verdad. Aprendiendo a ser científico directamente con la práctica. Muchos estudiantes tienen proyectos de laboratorio, que necesitan su material y recursos dedicados, es decir, dinero. Miro hacia atrás, en España, y más allá de las prácticas de laboratorio no veo nada parecido dentro del programa de la carrera. En Leeds se empieza a hacer investigación real en tercero.

Éste es sólo uno de los aspectos del problema, pero esta situación me hace pensar en el atraso que lleva siempre España en cuanto a inversión en desarrollo científico. En este caso, en inversión para ayudar a que surjan nuevos científicos capacitados, que consigan realizar una investigación de calidad con todos los beneficios que eso conlleva. Y en vez de tratar de ponérsele solución a este tema de la financiación, ésta aún se verá recortada en un 15% en el presupuesto del año que viene. La investigación en España no necesita más recortes, sino todo lo contrario. Cientos de entradas de blog darán hoy gran cantidad de razones sobre muchas otras de las formas en que el recorte presupuestario afectará a largo plazo a un problema que se arrastra durante décadas, pero aquí quería aprovechar para dar una pincelada sobre este pequeño detalle del cuadro global.

Porque dedicar menos dinero a I+D puede tener consecuencias nefastas. Porque la Ciencia española lo que menos necesita son más tijeretazos.

viernes, 28 de agosto de 2009

Entender la teoría de cuerdas

Esta será una entrada rápida. La escribo para dar a conocer dos enlaces que esta tarde me han hecho entender de verdad de qué trata la teoría de cuerdas. Por fin. No me refiero a entenderla completamente por dentro, obviamente, sino a saber de verdad qué es. Tras haber leído bastante divulgación sobre el tema, artículos enteros de Wikipedia, las opiniones a favor y en contra de muchos científicos sobre ella, etc., en el fondo me faltaba algo. Podía tener una opinión propia formada, pero en realidad se basaba en lo que decían otras personas. Mi entendimiento consistía en una serie de afirmaciones bastante inconexas.

Y resulta que hoy dos entradas de blog han logrado que saltara ese "clic" en mi cerebro. Ese "¡ya está!" que suena cuando por fin todo encaja. Me pasó hace muchos años cuando supe lo simple que era en realidad la teoría de la evolución por selección natural. O cuando unos documentales vistos un verano me enseñaron cómo se las apañaba realmente el ADN para "regular el funcionamiento celular", frase que era la única descripción de su función en los libros de texto del colegio. De repente le encuentras sentido.

Pues eso me ha ocurrido hoy con las siguientes dos entradas. Las dos están en inglés.

La primera es What is String Theory?, de Uncertain Principles, en la que se explica de forma increíblemente clara (al menos para un estudiante de tercero de Física familiarizado con la asignatura de Cuántica) cómo surgió todo, y alguna de las consecuencias más importantes que surgen de ella.

La segunda sirve como complemento, se trata de Two cheers for string theory, del blog Cosmic Variance que empecé a leer hace poco (otra entrada de este blog me dirigió a la primera que enlazo), y que consiste en una defensa de la teoría de cuerdas frente a las críticas que el resto de la comunidad científica lanza contra ella. Encuentro particularmente interesante la referencia a la ausencia de evidencias experimentales, que me mostró que algunas de mis ideas previas estaban equivocadas. [Actualización: esta última frase se refiere en realidad a la teoría de cuerdas perturbativa, como se explica en este otro enlace del mismo blog. La teoría de cuerdas en sí no se entiende lo suficiente como para poder hacer ese tipo de predicciones.]


Y nada más por el momento. Estos dos enlaces me han parecido tan útiles que tras leerlos he considerado urgente dedicarles hoy una entrada. Tengo otra a medio escribir, pero a ésta le he dado prioridad. Seguiremos leyéndonos.


miércoles, 22 de julio de 2009

Eclipse

Ya debía haber empezado. Con una sonrisa, terminó de hacer las comprobaciones de los dos trajes de vacío, tanto del suyo como el de la persona que lo acompañaba, casi tan alta como él, y pulsó los controles para abrir la exclusa. Las larguísimas sombras que surcaban el paisaje lunar aparecieron ante ellos, una visión familiar desde hacía varios años.

Vamos, hijo —Le indicó a su acompañante mientras le hacía un gesto y se dirigía a la pendiente del borde de Shackleton—. Desde aquí se verá mejor.

Los dos recorrieron una docena de gráciles pasos pendiente arriba y el padre hizo un ademán en dirección opuesta a la que tendría el sol en esos momentos.

Mira a la Tierra, y dime qué ves.

El hijo se giró a mirar, pero al parecer tardó un rato en darse cuenta:

¡Halaaa! ¡Hay una parte oscura!
Sí, ¿verdad? —Casi podía ver la expresión de asombro del niño a través de su escafandra.
¿Qué es, papá? —Dijo con excitación. El padre esperó un segundo a responder mientras seguía sonriendo.
Nuestra sombra —Contestó sin dejar de mirar el planeta, dejando que su hijo captara la magnitud de lo que ocurría.
¿En serio? —Se detuvo a pensar un momento, y se volvió a su padre con la boca abierta— ¿La de toda la Luna?
—Le miró, feliz de que aprendiera tantas cosas—. Esta vez somos nosotros los que nos interponemos entre ellos y el Sol.

El niño recordó lo que su padre le enseñó desde ese mismo lugar dos semanas atrás, cuando el Sol se encontró justo en el mismo lugar del cielo que ocupaba siempre la Tierra, y ésta lo ocultó por completo. Por unos momentos la oscuridad en la superficie fue total, hasta que de forma totalmente inesperada, un anillo de color rojo brillante rodeó la Tierra, y allí en la Luna todo quedó iluminado en un tenue tono carmesí durante muchos largos minutos.

Me gustó más la otra vez. No parece que nada allí se haya vuelto rojo… —dijo entornando los ojos hacia el planeta mientras seguía mirando cómo la borrosa sombra lunar lo recorría.

Su padre estuvo de acuerdo.
Siempre es más espectacular cuando es el Sol el astro ocultado, y la Luna no tiene atmósfera que desvíe la luz roja hacia allá como te expliqué —concedió—. Pero un eclipse como el de hoy, visto desde allí… —Hizo una pausa— Desde la Tierra, la Luna y el Sol tienen casi exactamente el mismo tamaño en el cielo, así que verlos coincidir es algo increíble… Además el cielo, que es normalmente de color azul muy claro, se va oscureciendo por momentos… y uno puede ver la sombra acercarse desde la lejanía mientras un viento frío comienza a acariciarte la piel… —Se giró hacia su hijo y le apoyó la mano en el hombro— Alquilar un exoesqueleto de ayuda a la movilidad aún es caro, pero en cuanto reunamos el dinero y si te pones más fuerte, un día te llevaré a ver uno. —Volvió a girarse hacia la Tierra— Como ves, nuestra sombra nunca cubre a la Tierra completamente, así que la totalidad sólo se ve desde ciertas zonas cada vez y sólo dura unos minutos, pero… ¿Sabes? Allí es un momento bastante especial, porque es el único instante en que pueden verse las estrellas en el cielo con el Sol sobre el horizonte. Y además… al coincidir los tamaños… cuando el Sol está casi cubierto puede verse como una especie de anillo de diamantes, porque su luz aún llega a través de las montañas de la Luna, hasta que se produce la totalidad. Y cuando esto sucede, la corona solar se ve con un brillo impresionante, con unas formas increíbles… casi parece como si se hubiera abierto un agujero en el cielo en el lugar donde estaba el Sol…

Un torrente de lejanos recuerdos y emociones acudió a su mente mientras lo describía, mirando su planeta natal con los ojos humedecidos.

Es algo, simplemente… maravilloso…



sábado, 11 de julio de 2009

Artículos de divulgación sobre astronomía

Hola de nuevo.

Este año apenas he escrito nada en este blog, y teniendo en cuenta que la lista de ideas pendientes de redactar va subiendo y subiendo (con 17 ítems actualmente, y aumentando), es algo que me apena un poco. Las razones son diversas, y no las expondré aquí.

Sin embargo, no he dejado totalmente de lado la actividad de la escritura, y es a eso a lo que venía esta entrada. Como algunos de vosotros ya sabréis, pertenezco desde hace tiempo a la asociación astronómica CIDAM (nos movemos por zonas cercanas a Elche, como Hondón de las Nieves, Aspe, etc., por si a alguien le interesa), con la que participo en diversas actividades a lo largo del año. Una de ellas consiste en redactar un breve artículo sobre algún tema astronómico cada mes, que es publicado en el periódico local 30 Días con cada mensualidad. Los artículos los escribimos tres o cuatro personas de la asociación, y recientemente se tomó la decisión de colgarlos en la web para tenerlos todos recopilados. Yo llevo cuatro hasta el momento, y son los siguientes:

PLANETAS EXTRASOLARES (Agosto 2008)
Donde expliqué qué eran los exoplanetas, los métodos que hay para detectarlos y lo que se había descubierto hasta el momento;

JÚPITER, EL SEÑOR DE LOS VIENTOS (Noviembre 2008)
Que fue una recopilación de algunos párrafos informativos que redacté para confeccionar un póster sobre el planeta;

KEPLER, BUSCADOR DE PLANETAS (Mayo 2009)
Sobre los tránsitos de planetas extrasolares frente a su estrella, el lanzamiento del observatorio espacial, su funcionamiento y qué se podía esperar de él en el futuro; y

TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE (Junio 2009)
En el que hablé de la última misión de reparación al telescopio, así como de sus características y logros a lo largo de su vida útil.

[Actualización: iré añadiendo los artículos posteriores a la publicación de esta entrada conforme se publiquen]

Aquí menciono la reciente oposición del gigante gaseoso así como los fenómenos observables en su equinoccio, para pasar a contar el descubrimiento de la aparición de un impacto en su superficie.


Los artículos tienen siempre en torno a 400 palabras, que es la limitación que impone el periódico, de modo que resumir todo lo que a uno le gustaría contar en ese espacio, y dar al mismo tiempo las explicaciones lo más sencillas y divulgativas posible, se convierte a veces en un reto.

Sin embargo, me está gustando. Creo que no he escrito ningún artículo aquí que fuera estrictamente de divulgación astronómica o científica en general, ya que no fue esa en un principio la razón de crear este blog, pero no descarto hacerlo en un futuro. Mientras tanto, si alguien quiere leerlos, iré avisando en Twitter, por ejemplo, cuando se vaya publicando alguno en la web de CIDAM.

Saludos.


lunes, 8 de junio de 2009

Exámenes

Viernes. Habían pasado dos días desde la última hora de clases. Dos días sin salir de casa que no obstante habían sido prácticamente desaprovechados, provocando la acumulación de la materia de estudio para tan pronto como el siguiente lunes, ya a la vuelta de la esquina. Los ánimos en descenso tampoco acompañaban, y la situación comenzaba a ser desesperante. Así que tuve que tomar una decisión. Trataría de aprovechar como fuera lo poco que quedaba de tarde yendo a la biblioteca, aunque fuera un par de horas. De todas formas, tenía que sacar unos libros antes de las 20:30, y tendría que volver para la cena. De modo que cogí mochila, reproductor de música y ordenador, en el que tenía buena parte del material de estudio, y me dispuse a salir del edificio.


Lo que me recibió nada más atravesar la puerta fue algo inesperado. Un viento caliente, seco, soplaba por toda la calle. Al parecer llevaba así varios días. Esperaba que en la biblioteca el ambiente fuera más agradable. Seguí escuchando mi música mientras me encaminaba calle abajo, aunque a veces el viento golpeando contra los auriculares en mis oídos creaba un ruido que lo hacía difícil. Seguramente sería de noche cuando volviese, pero empezaba a preguntarme si la chaqueta que llevaba atada a la cintura me resultaría realmente útil con este calor. El tiempo que hacía esa tarde era algo extraño. Pese al calor y a que el sol estaba en lo alto, muchos edificios estaban en penumbra debido a las pequeñas nubes repartidas por el cielo. Los tonos predominantes eran amarillentos, lo que añadía otro tinte cálido al entorno.


Caminé entre los árboles de un paseo a lo largo del camino mientras veía cómo algunas de sus flores seguían cayendo, acumulándose en zonas amplias de la acera, pero siendo prudente, las esquivé. Sin embargo, no pude evitar que se me escapase un estornudo. Sabía que aún debería llevar cuidado ante las acumulaciones de polen aunque no lo pareciera. Toda la primavera igual. Tras subirle ligeramente el volumen al reproductor, seguí el camino hacia la biblioteca. La diferencia entre la parte del camino en que estaba ahora, en sombra y resguardada del viento, era notable comparada con la anterior, pero no duraría mucho, ya que el Sol volvería a alcanzarme a los pocos metros.


Unos minutos más tarde llegué a los alrededores del edificio. Cómo se notaba en qué época estábamos. Gran cantidad de personas se reunían a su alrededor, seguramente en algún descanso entre apuntes y más apuntes. Viendo que no había nadie que conociera, me dirigí al interior, subí las escaleras y me dispuse a buscar sitio por las salas. No hizo falta mucho. Había varios huecos nada más entrar a la sala de Física, de modo que dejé mis cosas en uno de ellos, miré alrededor por si viese a alguien de clase, y fui a las estanterías de los libros. Revisé los estantes de Electromagnetismo para comprobar que efectivamente no quedaba ninguno de los que usábamos, cogí uno de Óptica y otro de Geometría Diferencial que necesitaría más tarde y me dirigí al mostrador para poder llevármelos a casa. Una vez hecho volví a mi sitio y saqué mi ordenador. En la ausencia de libros de Electromagnetismo es donde éste entraba en juego. Resultaba irónico estar en medio de la biblioteca y tener que usar una versión en PDF del mismo para poder estudiar, pero en fin, nunca había suficientes para todos.


Me puse a leer tratando de organizar esa cantidad de ecuaciones en mi cabeza e ir atando cabos y relaciones entre unas y otras, debido a que las explicaciones en clase habían fallado bastante en este objetivo durante gran parte del curso. El ritmo de estudio estaba siendo mucho mejor que en casa, desde luego. Seguí páginas y páginas entendiendo mejor el contenido, aunque ni siquiera estaba seguro de si me daría tiempo a verlo todo antes del examen. Daba igual. Por una vez parecía que estaba animado para el tema. Me encontré con algunos compañeros que resultaba que sí que estaban allí, y charlamos un poco antes de continuar. Una de esas personas me dejó el libro en papel cuando terminó con él, lo cual agradecí. Pasó el tiempo, y se fue haciendo hora de irse, pero veía que me quedaba poco para terminar otro de los temas. Tenía que aprovechar al máximo ese momento, ya que estaba yendo mucho más rápido de lo que imaginaba.


Por fin, cuando lo terminé, eran sobre las 10 de la noche. A esas alturas ya mucha gente había abandonado el edificio, y llegaba el turno de que yo lo hiciera también. Además el ordenador no duraría mucho más sin un cable de corriente, así que recogí y salí de allí. La chaqueta volvió a mi cintura, ya que como esperaba, el calor seguía persistiendo. Caminando ya al aire libre dirigí la vista al cielo por si se viera alguna estrella, y cuál fue mi sorpresa al ver que estaba completamente despejado. Al seguir caminando y mirar hacia atrás pude ver también la luna casi llena hacia el Este, como único objeto que perturbara el liso gradiente azulado de la bóveda celeste. Al parecer iba a hacer una noche perfecta para la observación astronómica. Justo en ese momento, justo cuando no tenía ni instrumentos ni tiempo que dedicarle a esa actividad. Meneé la cabeza y seguí caminando a casa. Todos los cuatrimestres pasaba lo mismo. Nos encontrábamos en la época en la que más de mil cosas que uno quería hacer acudían a la cabeza y las ganas debían ser reprimidas. En el tiempo en que la desesperación y la necesidad de evadirse chocaban contra la dura realidad. Porque cualquier cosa que no fuera estudiar en esos momentos era algo bastante desaconsejable.



Porque, a nuestro pesar, los exámenes habían llegado.



lunes, 20 de abril de 2009

Relato encadenado

Ésta es mi aportación (con varios meses de retraso) a un relato encadenado de Ciencia-Ficción que empezó a cobrar forma el año pasado en el foro científico HomoScience. En él, nos propusimos crear una historia entre todos, escribiendo una parte cada uno, continuando lo anterior. De esta forma, la historia es capaz de sorprender incluso a sus propios creadores, y es probable que más de una vez tome giros inesperados para quien ya escribió en ella. Hace un tiempo se me ocurrió una forma de continuar la historia que había escrita hasta el momento, y prometí que la continuaría.


Y mi contribución a la trama es la publicada bajo estas líneas, que también se puede leer allí. Puede que me haya quedado un poco larga, pero creo que el retraso de meses lo merece. Además, al llevar tanto tiempo en mi mente han ido surgiendo detalles que tal vez al principio no estuviesen ahí. Espero que os guste :)

Mientras regresaba en el rover a la base, Ortzi no podía dejar de pensar en todo lo sucedido. La descarga que sufrió por parte del misterioso objeto, la acumulación de los nanobots reparadores en su córtex cerebral tras una intensa actividad mientras estuvo desmayado… Y sin contar que posiblemente el destino de la humanidad hubiese cambiado para siempre desde ese momento. Pero increíblemente, por unos instantes decidió tratar como algo secundario los temas épicos y fundamentales para pensar en sí mismo. Lo de su cerebro le preocupaba. Seguramente no se trataba de nada más que el shock inicial, hasta su ordenador de pulsera, con avanzados sistemas de diagnóstico, afirmaba que eso era lo que sucedió. Además no le dolía, su visión seguía normal, no tenía ningún problema de habla ni movilidad muscular. Pero pese a todo no había querido incluirlo en el informe. Algo en él había cambiado, pero no encontraba signos de nada en concreto. Qué demonios, ¿tal vez se trataba de que se había vuelto hipocondríaco? Este pensamiento le divirtió, y consiguió distraerle un poco de la preocupación. Sonrió para sí mismo y siguió recorriendo en su memoria las sensaciones de ese intenso momento.

Una de las cosas que le parecían extrañas era que recordaba haber sentido calor, un calor suave pero intenso, tanto en el aire como desde el suelo alrededor del objeto, y no sabía por qué le llamaba la atención. Podría haberlo causado tanto la descarga como los arcos voltaicos que destruyeron las rocas de su alrededor, o el procesamiento del material dentro de ese misterioso ente para desplegarse o dividirse, comoquiera que lo consiguiese. Incluso el propio despegue podría haber contribuido, pero no se lo quitaba de la cabeza, como si hubiera algo que se le escapaba.

Mientras las sacudidas agitaban el rover cuando recorría terreno irregular, de repente algo en su cabeza encajó. No, no podía tratarse de eso. No podía estar relacionado con la inexplicablemente moderada temperatura del propio Niflheim. Simplemente el hecho de que dos de los sucesos más interesantes para la ciencia –el descubrimiento de un artefacto extraterrestre y la explicación de esta misteriosa anomalía– pudieran darse al mismo tiempo y centrados en su persona le parecía algo demasiado increíble como para ser verdad. Durante décadas se habían descartado cientos de hipótesis para la generación de ese calor: la luna rotaba sincrónicamente alrededor de Ymir y éste no poseía ninguna otra de tamaño considerable, de modo que el efecto de marea quedaba descartado; el calor primordial de su formación hacía tiempo que había desaparecido y los minerales radiactivos ya habían decaído a niveles incapaces de generar la energía necesaria; teorías más extrañas como la presencia de un pequeño agujero negro en su interior tampoco acababan de encajar. Maldita sea, ni siquiera el estudio de las interacciones de los neutrinos que atravesaban la luna mostraba que sucediese nada extraño. Pero la sensación persistía como un martillo en su cabeza, y seguía dándole vueltas cuando el vehículo llegó a la base y empezaron a desembarcar. Tenía que comprobarlo.

De modo que rechazó cualquier ayuda médica cuando trataban de examinarle y empezó a correr en la baja gravedad por los pasillos hacia el edificio de investigación. De camino, pulsó unos botones del ordenador de pulsera y comenzó a hablar por él.

—Christopher, supongo que ya te habrás enterado de todo lo que está ocurriendo en estos momentos, ahora mismo me dirijo hacia allá para hacer unas comprobaciones.
—¡Robert! ¿Qué diablos ha pasado ahí fuera? En la base empiezan a circular rumores de todo tipo. Nosotros nos ceñimos a los datos que estamos recibiendo de las estaciones, pero todo es algo confuso. ¿Te encuentras bien? Dijeron que habías estado inconsciente.
—Sí, todo bien por el momento. Escucha, quiero que recopiles los datos térmicos de las últimas horas tomados por los sensores situados hasta un radio de dos kilómetros desde el punto donde apareció esa cosa, y los combines en un modelo de inferencia en profundidad para cuando yo llegue.
—De acuerdo, ¿a qué distancia estás…? —Un pitido seguido de un siseo le hizo darse la vuelta en su silla. La puerta acababa de abrirse tras confirmar la identidad de alguien— Oh, bien…

Ortzi se adentró en la sala de control de datos mientras Christopher Seeker empezaba a teclear comandos en su monitor. Bastaba un vistazo a las enormes pantallas de las paredes para tener un resumen de todo lo que acababa de acontecer: en ellas se mostraba la localización exacta de la zona de la cúpula dañada así como del equipo enviado a repararla y tomar muestras; la posición de los objetos en órbita a Ymir incluyendo la gran "jaula orbital", como Laura la llamaba, la flotilla de embarcaciones militares, y los dos misteriosos objetos a ambos lados del planeta marcados en un vivo color rojo; así como diversos mapas y gráficos de datos. De repente apareció uno nuevo.

—Aquí tienes esos datos, Robert —intervino Seeker con los ojos más abiertos que de costumbre—. ¿Has tenido algún tipo de corazonada o es que esos aparatos te han metido algo en la cabeza?

Ambos miraron fijamente la pantalla que mostraba un perfil vertical del terreno centrado en el lugar donde Ortzi encontró el objeto, y con una línea recta de altas temperaturas dirigida directamente desde ese punto hacia el interior del planeta, sin apenas difusión hacia las zonas más frías unos metros hacia un lado u otro. Una evolución temporal mostraba la súbita aparición de esta columna de alta temperatura desde las profundidades hacia el objeto a la hora aproximada en que lo tocó, alcanzando el mayor valor cuando éste se desplegó y despegó, para ir enfriándose lentamente hacia el interior de la roca, ya acercándose a los valores normales.

—No lo sé, Christopher… No tengo ni la más remota idea… —Murmuró Ortzi, mientras, dirigiendo una mirada al panel donde aparecían los dos misteriosos objetos en órbita, no dejaba de preguntarse qué demonios significaba todo lo que estaba ocurriendo.


sábado, 7 de febrero de 2009

Campaña de validación SMOS

Era la cuarta y última jornada de mediciones.

Todas empezaban de la misma forma. Con el cielo mostrando sus últimos tonos azulados por el oeste, caminaba recorriendo las estrechas calles en dirección a la universidad, llevando dos calcetines en cada pie bajo unas buenas botas, un jersey de cuello alto con cremallera aún abierta, la mochila sujeta a mi espalda y un abrigo bajo el brazo. Había que ir preparado para lo que sería otra noche casi completa en el campo de viñedos.

Tras unos diez minutos llegué a los alrededores de la universidad y fui rodeando el recinto del campus, mientras observaba los cimientos de una nueva edificación inacabada iluminados por focos, que junto a las farolas que parecían diseñadas adrede para provocar más contaminación lumínica, prácticamente impedían ver cómo las estrellas más brillantes comenzaban a hacer aparición en la bóveda celeste.

Era la noche del 1 de mayo. Cuando llegué al punto de reunión, la fecha se reflejaba en el número de personas presentes, bastante menor que las otras noches. Me preguntaba si seríamos suficientes para realizar el trabajo esta vez, aunque por otra parte era comprensible que no todos sacrificasen un día de puente para dedicarse a la investigación. Tras ir a que me apuntasen como presente, traté de localizar a mi equipo. Originalmente el grupo completo constaba de unas cien personas organizadas en veinte equipos, cada uno con un estudiante de Físicas voluntario, dos de Ciencias Medioambientales que contaban el trabajo como práctica en empresa, y una persona directa o cercanamente relacionada con el proyecto.

El proyecto. En esas cuatro noches estábamos participando en la futura misión espacial SMOS de la Agencia Espacial Europea, dedicándonos a lo que sería el ensayo del proceso de validación de los datos que tomará el satélite cuando esté operativo. Para ello, se mediría la humedad del suelo, tanto mediante una sonda de humedad electrónica como tomando muestras de tierra para su análisis directo posteriormente, en una gran cantidad de puntos de una zona de 100 km cuadrados cerca de Utiel antes de amanecer, para comparar después esos datos con los de instrumentos similares a los de SMOS montados en un avión que sobrevolaría toda la zona sobre las 6 de la mañana. Podía resultar duro, pero tenía algunas ventajas que hacían que mereciese la pena. Recordé una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza cuando unos días antes de empezar hicimos una visita diurna a la zona para conocer el terreno y aprender a utilizar el instrumental: en ese lugar, rodeado por kilómetros de cultivos y alejado de grandes núcleos de población… debía haber un cielo nocturno increíble. Iba a ser una pena tener que estar pendiente precisamente del suelo, con esas posibilidades sobre mi cabeza.

Pronto di con dos de los tres integrantes del equipo: el jefe de grupo, que partiría antes con su coche, y una de las dos estudiantes de medioambientales, paradójicamente la que menos señales daba de pensar acudir esta vez. No estaba mal; tal vez el conductor podría ayudar a meter en bolsas las muestras de suelo y así realizar toda la tarea sin inconvenientes. Volví a dirigir la vista hacia el cielo. Orión estaba ya ocultándose bajo el horizonte, pero podían verse dos planetas aún brillantes: nuestro vecino Marte se encontraba alineado con las estrellas de los gemelos Castor y Póllux, mientras que más alto sobre la eclíptica, Saturno acompañaba a la estrella Regulus en la constelación de Leo. Pronto localicé a Sirio, la estrella más brillante del firmamento después del Sol, que seguía a Orión en su descenso. Disfruté de las vistas mientras charlaba con los compañeros. Parecía que esta vez el tiempo iba a acompañar, y podría disfrutar del último día en aquel oscuro paraje.

Tras unos minutos llegaron los todoterrenos. Vehículos cedidos por VAERSA, o pertenecientes al CIDE, e incluso uno de la Brigada de Control de Plagas, eran nuestro transporte hacia la zona y durante todas las horas que duraban las mediciones. Cada equipo localizó el que llevaba su número y fuimos entrando en ellos, mientras algunos ya empezaban a partir. Los más de 20 vehículos formaban un convoy que debía de ser la mayor parte del tráfico en la autovía hacia Utiel en esos momentos. Me puse a contemplar el exterior, como es costumbre en mí. Se iban viendo cada vez más estrellas conforme nos alejábamos de la zona urbanizada, aunque sabía que desde dentro del coche no vería mucho. Como cada noche, atravesamos un tramo de carretera desde el que podían verse unas luces rojas en lo que parecía el aire a varios metros sobre la parte más alta de los montes a nuestra izquierda y nuestra derecha. Al principio me sorprendieron, pero pronto caí en la cuenta de que no se trataba de otra cosa que los aerogeneradores que había por la zona; esa luz era lo único visible de ellos en la oscuridad. Cuando los dejamos atrás recordé una escena que pude presenciar la primera noche que íbamos a tomar medidas. Ese día salimos algo antes, y Orión estaba aún a medio ocultarse cuando circulábamos por un tramo recto sin ninguna montaña delante: era como si nos dirigiéramos directamente al centro de la constelación, justo enfrente nuestro, y con la mitad superior aún sobre el horizonte. Fue una visión impresionante, aunque estoy seguro de que nadie más se fijó en el detalle.

Una hora de trayecto después, llegamos al bar donde nos daban los bocadillos de cena, y donde se podía estar otro rato con el resto de compañeros. Tras un poco de charla con los amigos de clase a quienes seguramente no veríamos hasta la semana siguiente, nos dirigimos hacia el pueblo donde recogíamos el material que usaríamos por última vez para la campaña de medición. Consistía en una caja cuyo contenido eran unos guantes gruesos de jardinero, chalecos reflectantes para encontrarnos en la oscuridad y linternas para la frente, la sonda de humedad con un voltímetro y pilas de recambio, los cilindros metálicos y la paleta para recoger muestras, bolsas de plástico para guardarlas, el GPS para conocer la posición exacta de cada medida, el mapa de las paradas, el cuaderno para registrar todos los datos… y una enorme tableta de chocolate de la que iríamos dando cuenta poco a poco. Comprobamos que no faltase nada, y por fin, partimos hacia el campo. Allí la oscuridad parecía sólo rota por los faros del coche y las linternas de nuestras frentes, pero aún me resultaba demasiada luz para poder disfrutar completamente de esa jornada. Un poco antes había tomado una decisión para mantener mis ojos lo más acostumbrados posible a la oscuridad: sin importarme lo que pudieran pensar mis compañeros, estaría con los ojos cerrados todos los trayectos en coche para no recibir luz de los faros, apenas encendería mi propia linterna, y me agacharía yo a tomar todas las medidas de la sonda mientras el jefe de grupo apuntaba los datos.

En las dos primeras paradas parecía que el ritmo iba a nuestro favor. Tan sólo tardamos unos 4 minutos en tomar todas las muestras y mediciones, y además podía ver bastantes estrellas cuando nos desplazábamos de un punto de medida a otro. Sin embargo, en la siguiente no iba a ser tan sencillo. La maldita parada número tres: un terreno sin labrar lleno de matorrales y en el que apenas había lugares donde clavar las puntas metálicas de la sonda de humedad de mil euros sin forzarla para que no resultase dañada. Veinte minutos tardamos en tomar las siete medidas con dicho aparato, y toda mi sensibilidad a la oscuridad quedó otra vez reducida. Pero por fin terminamos, y partimos a la siguiente. Yo repetí el proceso, y no abrí apenas los ojos en el trayecto.

Cada vez era capaz de ver más y más estrellas y a reconocer gran número de constelaciones. Era increíble cómo la Osa Mayor y la Menor marcaban claramente dónde estaba el norte, y la facilidad que había para distinguirlas en el cielo. Supuse que en tiempos antiguos, cuando no había luces distribuidas masivamente que empañasen esa visión, sería difícil no saber orientarse de noche en campo abierto. La cantidad de estrellas que podían divisarse empezaba a superar todo lo que había visto hasta entonces, y pese a no haber luna, éstas y el débil resplandor azulado que aún había en el cielo eran suficientes, junto con las luces de las linternas apuntando en dirección contraria a unos diez metros de mí, para caminar sin tropezar con ningún obstáculo entre los guijarros y la tierra. Al pasar el tiempo, conforme mi visión se hacía más y más sensible empecé a distinguir la Vía Láctea cruzando el cielo. Durante la noche pude encontrar por fin la constelación Corona Borealis a simple vista, cosa que nunca había logrado antes, confundiéndo sus estrellas con otras… Incluso llegó un momento en que me llamó la atención una agrupación estelar que no sabía que hubiera ahí. Era como si se tratara de un cúmulo abierto, pero era demasiado grande, parecía estar demasiado cerca, algo demasiado llamativo para que nunca lo hubiera visto, ya que se encontraba relativamente próximo a la Osa Mayor. Descubría cosas en ese cielo tan oscuro que deberían poder verse desde cualquier lugar, y no era así debido a la contaminación lumínica. ¿Acababa de pasar una estrella fugaz justo en el zenit? Tal vez, no estaba seguro.

Seguí observando el cielo entre medida y medida, y cuando eran alrededor de las cuatro empecé a buscar a Júpiter. Sabía que se encontraba en la cúpula celeste cerca de la zona central de nuestra galaxia en esos momentos, en la constelación de Sagitario, y se podía ver que su blanco brillo superaba en magnitud a Arcturus, una estrella que se confundía fácilmente con un planeta de no ser por su localización en el cielo. Realmente deseé tener a mano aunque fueran unos prismáticos para poder ver sus lunas, pero qué le iba a hacer. Esa noche estábamos allí para tomar medidas del suelo, de modo que tendría que tratar de encontrar un cielo así otro día para poder disfrutarlo como se merece. Sin embargo no podía dejar de mirarlo. Había miles y miles de estrellas, y la visión de nuestra galaxia cada vez más alta en el horizonte era impresionante. Recordaba la primera vez que conseguí distinguirla, y no era más que una banda borrosa cruzando el cielo, pero esta vez era distinto. Se podía ver claramente la mayor densidad de estrellas. Podían incluso distinguirse detalles en su estructura. Distinguía las nubes de polvo que ocultaban zonas de mayor resplandor, veía detalles que creía que sólo eran apreciables en fotos de larga exposición, pero que resultaban ser visibles a simple vista, si uno se encontraba bajo un cielo verdaderamente oscuro. Era la mejor Vía Láctea que había podido contemplar en toda mi vida.

El tiempo pasaba, y el trabajo seguía a buen ritmo. La Osa Menor y la Mayor, junto con Casiopea, giraban en torno a la estrella polar de forma apreciable, y yo había conseguido ver unas cinco estrellas fugaces, esta vez seguro de que lo eran. Ya quedaban pocas paradas de las treinta y cinco, y parecía que íbamos a terminar antes que los otros tres días. Con las medidas de la última parcela nuestro estado empezaba a ser eufórico. Ya terminaba todo, y además con media hora de adelanto respecto al día anterior. Ni siquiera había pasado el avión científico aún, y puede que ni siquiera lo oyésemos estando de vuelta en el pueblo. El primero de los días no ocurrió así, y me sonreí al pensarlo. En un principio teníamos que tomar doce medidas de sonda de humedad en cada una de la treintena de paradas, y el trabajo acabó llevando tanto tiempo que no sólo oímos las persistentes pasadas del aeroplano de madrugada, sino que amaneció con nosotros allí, la Luna casi llena se ocultó bajo el horizonte, y no fue hasta las 8 de la mañana cuando terminamos. Para la siguiente ocasión el número de medidas de sonda se había reducido a sólo 7, que resultó ser un número mucho más manejable.

Al fin, terminamos la última de las tres medidas, del último de los 7 puntos, de la última de las 35 paradas… y nos dirigimos de vuelta definitiva hacia el coche. Mis compañeros estaban contentos de poder ir pronto a dormir, y yo sonreí mientras echaba un último vistazo al cielo, para descubrir justo encima de una colina al delgado menguante de la Luna asomando sobre ella. Un buen detalle de despedida, que me recordaba cuánto había valido la pena esa "gran matada", como nos referíamos de broma a toda la operación nocturna. Esperaba volver a disfrutar pronto de un cielo como el que había visto esa noche.

Algún día lo conseguiría.


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Para quien quiera saber más sobre la misión espacial y la validación de medidas, basta con seguir los enlaces del texto. Incluso puede vérseme a mí en esta foto en la página oficial de la ESA, donde se ve a mis dos compañeras en uno de los tres primeros días. Yo soy el dueño del brazo que sujeta el voltímetro a la izquierda de la imagen.
El jueves 11 y el día 13 de diciembre, el canal Punt 2 de TVV emitió un programa sobre esta actividad, y se podía ver en su página web, pero parece que ya no lo tienen. Trataré de subirlo a YouTube en unos días y actualizaré la entrada.