viernes, 28 de agosto de 2009

Entender la teoría de cuerdas

Esta será una entrada rápida. La escribo para dar a conocer dos enlaces que esta tarde me han hecho entender de verdad de qué trata la teoría de cuerdas. Por fin. No me refiero a entenderla completamente por dentro, obviamente, sino a saber de verdad qué es. Tras haber leído bastante divulgación sobre el tema, artículos enteros de Wikipedia, las opiniones a favor y en contra de muchos científicos sobre ella, etc., en el fondo me faltaba algo. Podía tener una opinión propia formada, pero en realidad se basaba en lo que decían otras personas. Mi entendimiento consistía en una serie de afirmaciones bastante inconexas.

Y resulta que hoy dos entradas de blog han logrado que saltara ese "clic" en mi cerebro. Ese "¡ya está!" que suena cuando por fin todo encaja. Me pasó hace muchos años cuando supe lo simple que era en realidad la teoría de la evolución por selección natural. O cuando unos documentales vistos un verano me enseñaron cómo se las apañaba realmente el ADN para "regular el funcionamiento celular", frase que era la única descripción de su función en los libros de texto del colegio. De repente le encuentras sentido.

Pues eso me ha ocurrido hoy con las siguientes dos entradas. Las dos están en inglés.

La primera es What is String Theory?, de Uncertain Principles, en la que se explica de forma increíblemente clara (al menos para un estudiante de tercero de Física familiarizado con la asignatura de Cuántica) cómo surgió todo, y alguna de las consecuencias más importantes que surgen de ella.

La segunda sirve como complemento, se trata de Two cheers for string theory, del blog Cosmic Variance que empecé a leer hace poco (otra entrada de este blog me dirigió a la primera que enlazo), y que consiste en una defensa de la teoría de cuerdas frente a las críticas que el resto de la comunidad científica lanza contra ella. Encuentro particularmente interesante la referencia a la ausencia de evidencias experimentales, que me mostró que algunas de mis ideas previas estaban equivocadas. [Actualización: esta última frase se refiere en realidad a la teoría de cuerdas perturbativa, como se explica en este otro enlace del mismo blog. La teoría de cuerdas en sí no se entiende lo suficiente como para poder hacer ese tipo de predicciones.]


Y nada más por el momento. Estos dos enlaces me han parecido tan útiles que tras leerlos he considerado urgente dedicarles hoy una entrada. Tengo otra a medio escribir, pero a ésta le he dado prioridad. Seguiremos leyéndonos.


miércoles, 22 de julio de 2009

Eclipse

Ya debía haber empezado. Con una sonrisa, terminó de hacer las comprobaciones de los dos trajes de vacío, tanto del suyo como el de la persona que lo acompañaba, casi tan alta como él, y pulsó los controles para abrir la exclusa. Las larguísimas sombras que surcaban el paisaje lunar aparecieron ante ellos, una visión familiar desde hacía varios años.

Vamos, hijo —Le indicó a su acompañante mientras le hacía un gesto y se dirigía a la pendiente del borde de Shackleton—. Desde aquí se verá mejor.

Los dos recorrieron una docena de gráciles pasos pendiente arriba y el padre hizo un ademán en dirección opuesta a la que tendría el sol en esos momentos.

Mira a la Tierra, y dime qué ves.

El hijo se giró a mirar, pero al parecer tardó un rato en darse cuenta:

¡Halaaa! ¡Hay una parte oscura!
Sí, ¿verdad? —Casi podía ver la expresión de asombro del niño a través de su escafandra.
¿Qué es, papá? —Dijo con excitación. El padre esperó un segundo a responder mientras seguía sonriendo.
Nuestra sombra —Contestó sin dejar de mirar el planeta, dejando que su hijo captara la magnitud de lo que ocurría.
¿En serio? —Se detuvo a pensar un momento, y se volvió a su padre con la boca abierta— ¿La de toda la Luna?
—Le miró, feliz de que aprendiera tantas cosas—. Esta vez somos nosotros los que nos interponemos entre ellos y el Sol.

El niño recordó lo que su padre le enseñó desde ese mismo lugar dos semanas atrás, cuando el Sol se encontró justo en el mismo lugar del cielo que ocupaba siempre la Tierra, y ésta lo ocultó por completo. Por unos momentos la oscuridad en la superficie fue total, hasta que de forma totalmente inesperada, un anillo de color rojo brillante rodeó la Tierra, y allí en la Luna todo quedó iluminado en un tenue tono carmesí durante muchos largos minutos.

Me gustó más la otra vez. No parece que nada allí se haya vuelto rojo… —dijo entornando los ojos hacia el planeta mientras seguía mirando cómo la borrosa sombra lunar lo recorría.

Su padre estuvo de acuerdo.
Siempre es más espectacular cuando es el Sol el astro ocultado, y la Luna no tiene atmósfera que desvíe la luz roja hacia allá como te expliqué —concedió—. Pero un eclipse como el de hoy, visto desde allí… —Hizo una pausa— Desde la Tierra, la Luna y el Sol tienen casi exactamente el mismo tamaño en el cielo, así que verlos coincidir es algo increíble… Además el cielo, que es normalmente de color azul muy claro, se va oscureciendo por momentos… y uno puede ver la sombra acercarse desde la lejanía mientras un viento frío comienza a acariciarte la piel… —Se giró hacia su hijo y le apoyó la mano en el hombro— Alquilar un exoesqueleto de ayuda a la movilidad aún es caro, pero en cuanto reunamos el dinero y si te pones más fuerte, un día te llevaré a ver uno. —Volvió a girarse hacia la Tierra— Como ves, nuestra sombra nunca cubre a la Tierra completamente, así que la totalidad sólo se ve desde ciertas zonas cada vez y sólo dura unos minutos, pero… ¿Sabes? Allí es un momento bastante especial, porque es el único instante en que pueden verse las estrellas en el cielo con el Sol sobre el horizonte. Y además… al coincidir los tamaños… cuando el Sol está casi cubierto puede verse como una especie de anillo de diamantes, porque su luz aún llega a través de las montañas de la Luna, hasta que se produce la totalidad. Y cuando esto sucede, la corona solar se ve con un brillo impresionante, con unas formas increíbles… casi parece como si se hubiera abierto un agujero en el cielo en el lugar donde estaba el Sol…

Un torrente de lejanos recuerdos y emociones acudió a su mente mientras lo describía, mirando su planeta natal con los ojos humedecidos.

Es algo, simplemente… maravilloso…



sábado, 11 de julio de 2009

Artículos de divulgación sobre astronomía

Hola de nuevo.

Este año apenas he escrito nada en este blog, y teniendo en cuenta que la lista de ideas pendientes de redactar va subiendo y subiendo (con 17 ítems actualmente, y aumentando), es algo que me apena un poco. Las razones son diversas, y no las expondré aquí.

Sin embargo, no he dejado totalmente de lado la actividad de la escritura, y es a eso a lo que venía esta entrada. Como algunos de vosotros ya sabréis, pertenezco desde hace tiempo a la asociación astronómica CIDAM (nos movemos por zonas cercanas a Elche, como Hondón de las Nieves, Aspe, etc., por si a alguien le interesa), con la que participo en diversas actividades a lo largo del año. Una de ellas consiste en redactar un breve artículo sobre algún tema astronómico cada mes, que es publicado en el periódico local 30 Días con cada mensualidad. Los artículos los escribimos tres o cuatro personas de la asociación, y recientemente se tomó la decisión de colgarlos en la web para tenerlos todos recopilados. Yo llevo cuatro hasta el momento, y son los siguientes:

PLANETAS EXTRASOLARES (Agosto 2008)
Donde expliqué qué eran los exoplanetas, los métodos que hay para detectarlos y lo que se había descubierto hasta el momento;

JÚPITER, EL SEÑOR DE LOS VIENTOS (Noviembre 2008)
Que fue una recopilación de algunos párrafos informativos que redacté para confeccionar un póster sobre el planeta;

KEPLER, BUSCADOR DE PLANETAS (Mayo 2009)
Sobre los tránsitos de planetas extrasolares frente a su estrella, el lanzamiento del observatorio espacial, su funcionamiento y qué se podía esperar de él en el futuro; y

TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE (Junio 2009)
En el que hablé de la última misión de reparación al telescopio, así como de sus características y logros a lo largo de su vida útil.

[Actualización: iré añadiendo los artículos posteriores a la publicación de esta entrada conforme se publiquen]

Aquí menciono la reciente oposición del gigante gaseoso así como los fenómenos observables en su equinoccio, para pasar a contar el descubrimiento de la aparición de un impacto en su superficie.


Los artículos tienen siempre en torno a 400 palabras, que es la limitación que impone el periódico, de modo que resumir todo lo que a uno le gustaría contar en ese espacio, y dar al mismo tiempo las explicaciones lo más sencillas y divulgativas posible, se convierte a veces en un reto.

Sin embargo, me está gustando. Creo que no he escrito ningún artículo aquí que fuera estrictamente de divulgación astronómica o científica en general, ya que no fue esa en un principio la razón de crear este blog, pero no descarto hacerlo en un futuro. Mientras tanto, si alguien quiere leerlos, iré avisando en Twitter, por ejemplo, cuando se vaya publicando alguno en la web de CIDAM.

Saludos.


lunes, 8 de junio de 2009

Exámenes

Viernes. Habían pasado dos días desde la última hora de clases. Dos días sin salir de casa que no obstante habían sido prácticamente desaprovechados, provocando la acumulación de la materia de estudio para tan pronto como el siguiente lunes, ya a la vuelta de la esquina. Los ánimos en descenso tampoco acompañaban, y la situación comenzaba a ser desesperante. Así que tuve que tomar una decisión. Trataría de aprovechar como fuera lo poco que quedaba de tarde yendo a la biblioteca, aunque fuera un par de horas. De todas formas, tenía que sacar unos libros antes de las 20:30, y tendría que volver para la cena. De modo que cogí mochila, reproductor de música y ordenador, en el que tenía buena parte del material de estudio, y me dispuse a salir del edificio.


Lo que me recibió nada más atravesar la puerta fue algo inesperado. Un viento caliente, seco, soplaba por toda la calle. Al parecer llevaba así varios días. Esperaba que en la biblioteca el ambiente fuera más agradable. Seguí escuchando mi música mientras me encaminaba calle abajo, aunque a veces el viento golpeando contra los auriculares en mis oídos creaba un ruido que lo hacía difícil. Seguramente sería de noche cuando volviese, pero empezaba a preguntarme si la chaqueta que llevaba atada a la cintura me resultaría realmente útil con este calor. El tiempo que hacía esa tarde era algo extraño. Pese al calor y a que el sol estaba en lo alto, muchos edificios estaban en penumbra debido a las pequeñas nubes repartidas por el cielo. Los tonos predominantes eran amarillentos, lo que añadía otro tinte cálido al entorno.


Caminé entre los árboles de un paseo a lo largo del camino mientras veía cómo algunas de sus flores seguían cayendo, acumulándose en zonas amplias de la acera, pero siendo prudente, las esquivé. Sin embargo, no pude evitar que se me escapase un estornudo. Sabía que aún debería llevar cuidado ante las acumulaciones de polen aunque no lo pareciera. Toda la primavera igual. Tras subirle ligeramente el volumen al reproductor, seguí el camino hacia la biblioteca. La diferencia entre la parte del camino en que estaba ahora, en sombra y resguardada del viento, era notable comparada con la anterior, pero no duraría mucho, ya que el Sol volvería a alcanzarme a los pocos metros.


Unos minutos más tarde llegué a los alrededores del edificio. Cómo se notaba en qué época estábamos. Gran cantidad de personas se reunían a su alrededor, seguramente en algún descanso entre apuntes y más apuntes. Viendo que no había nadie que conociera, me dirigí al interior, subí las escaleras y me dispuse a buscar sitio por las salas. No hizo falta mucho. Había varios huecos nada más entrar a la sala de Física, de modo que dejé mis cosas en uno de ellos, miré alrededor por si viese a alguien de clase, y fui a las estanterías de los libros. Revisé los estantes de Electromagnetismo para comprobar que efectivamente no quedaba ninguno de los que usábamos, cogí uno de Óptica y otro de Geometría Diferencial que necesitaría más tarde y me dirigí al mostrador para poder llevármelos a casa. Una vez hecho volví a mi sitio y saqué mi ordenador. En la ausencia de libros de Electromagnetismo es donde éste entraba en juego. Resultaba irónico estar en medio de la biblioteca y tener que usar una versión en PDF del mismo para poder estudiar, pero en fin, nunca había suficientes para todos.


Me puse a leer tratando de organizar esa cantidad de ecuaciones en mi cabeza e ir atando cabos y relaciones entre unas y otras, debido a que las explicaciones en clase habían fallado bastante en este objetivo durante gran parte del curso. El ritmo de estudio estaba siendo mucho mejor que en casa, desde luego. Seguí páginas y páginas entendiendo mejor el contenido, aunque ni siquiera estaba seguro de si me daría tiempo a verlo todo antes del examen. Daba igual. Por una vez parecía que estaba animado para el tema. Me encontré con algunos compañeros que resultaba que sí que estaban allí, y charlamos un poco antes de continuar. Una de esas personas me dejó el libro en papel cuando terminó con él, lo cual agradecí. Pasó el tiempo, y se fue haciendo hora de irse, pero veía que me quedaba poco para terminar otro de los temas. Tenía que aprovechar al máximo ese momento, ya que estaba yendo mucho más rápido de lo que imaginaba.


Por fin, cuando lo terminé, eran sobre las 10 de la noche. A esas alturas ya mucha gente había abandonado el edificio, y llegaba el turno de que yo lo hiciera también. Además el ordenador no duraría mucho más sin un cable de corriente, así que recogí y salí de allí. La chaqueta volvió a mi cintura, ya que como esperaba, el calor seguía persistiendo. Caminando ya al aire libre dirigí la vista al cielo por si se viera alguna estrella, y cuál fue mi sorpresa al ver que estaba completamente despejado. Al seguir caminando y mirar hacia atrás pude ver también la luna casi llena hacia el Este, como único objeto que perturbara el liso gradiente azulado de la bóveda celeste. Al parecer iba a hacer una noche perfecta para la observación astronómica. Justo en ese momento, justo cuando no tenía ni instrumentos ni tiempo que dedicarle a esa actividad. Meneé la cabeza y seguí caminando a casa. Todos los cuatrimestres pasaba lo mismo. Nos encontrábamos en la época en la que más de mil cosas que uno quería hacer acudían a la cabeza y las ganas debían ser reprimidas. En el tiempo en que la desesperación y la necesidad de evadirse chocaban contra la dura realidad. Porque cualquier cosa que no fuera estudiar en esos momentos era algo bastante desaconsejable.



Porque, a nuestro pesar, los exámenes habían llegado.



lunes, 20 de abril de 2009

Relato encadenado

Ésta es mi aportación (con varios meses de retraso) a un relato encadenado de Ciencia-Ficción que empezó a cobrar forma el año pasado en el foro científico HomoScience. En él, nos propusimos crear una historia entre todos, escribiendo una parte cada uno, continuando lo anterior. De esta forma, la historia es capaz de sorprender incluso a sus propios creadores, y es probable que más de una vez tome giros inesperados para quien ya escribió en ella. Hace un tiempo se me ocurrió una forma de continuar la historia que había escrita hasta el momento, y prometí que la continuaría.


Y mi contribución a la trama es la publicada bajo estas líneas, que también se puede leer allí. Puede que me haya quedado un poco larga, pero creo que el retraso de meses lo merece. Además, al llevar tanto tiempo en mi mente han ido surgiendo detalles que tal vez al principio no estuviesen ahí. Espero que os guste :)

Mientras regresaba en el rover a la base, Ortzi no podía dejar de pensar en todo lo sucedido. La descarga que sufrió por parte del misterioso objeto, la acumulación de los nanobots reparadores en su córtex cerebral tras una intensa actividad mientras estuvo desmayado… Y sin contar que posiblemente el destino de la humanidad hubiese cambiado para siempre desde ese momento. Pero increíblemente, por unos instantes decidió tratar como algo secundario los temas épicos y fundamentales para pensar en sí mismo. Lo de su cerebro le preocupaba. Seguramente no se trataba de nada más que el shock inicial, hasta su ordenador de pulsera, con avanzados sistemas de diagnóstico, afirmaba que eso era lo que sucedió. Además no le dolía, su visión seguía normal, no tenía ningún problema de habla ni movilidad muscular. Pero pese a todo no había querido incluirlo en el informe. Algo en él había cambiado, pero no encontraba signos de nada en concreto. Qué demonios, ¿tal vez se trataba de que se había vuelto hipocondríaco? Este pensamiento le divirtió, y consiguió distraerle un poco de la preocupación. Sonrió para sí mismo y siguió recorriendo en su memoria las sensaciones de ese intenso momento.

Una de las cosas que le parecían extrañas era que recordaba haber sentido calor, un calor suave pero intenso, tanto en el aire como desde el suelo alrededor del objeto, y no sabía por qué le llamaba la atención. Podría haberlo causado tanto la descarga como los arcos voltaicos que destruyeron las rocas de su alrededor, o el procesamiento del material dentro de ese misterioso ente para desplegarse o dividirse, comoquiera que lo consiguiese. Incluso el propio despegue podría haber contribuido, pero no se lo quitaba de la cabeza, como si hubiera algo que se le escapaba.

Mientras las sacudidas agitaban el rover cuando recorría terreno irregular, de repente algo en su cabeza encajó. No, no podía tratarse de eso. No podía estar relacionado con la inexplicablemente moderada temperatura del propio Niflheim. Simplemente el hecho de que dos de los sucesos más interesantes para la ciencia –el descubrimiento de un artefacto extraterrestre y la explicación de esta misteriosa anomalía– pudieran darse al mismo tiempo y centrados en su persona le parecía algo demasiado increíble como para ser verdad. Durante décadas se habían descartado cientos de hipótesis para la generación de ese calor: la luna rotaba sincrónicamente alrededor de Ymir y éste no poseía ninguna otra de tamaño considerable, de modo que el efecto de marea quedaba descartado; el calor primordial de su formación hacía tiempo que había desaparecido y los minerales radiactivos ya habían decaído a niveles incapaces de generar la energía necesaria; teorías más extrañas como la presencia de un pequeño agujero negro en su interior tampoco acababan de encajar. Maldita sea, ni siquiera el estudio de las interacciones de los neutrinos que atravesaban la luna mostraba que sucediese nada extraño. Pero la sensación persistía como un martillo en su cabeza, y seguía dándole vueltas cuando el vehículo llegó a la base y empezaron a desembarcar. Tenía que comprobarlo.

De modo que rechazó cualquier ayuda médica cuando trataban de examinarle y empezó a correr en la baja gravedad por los pasillos hacia el edificio de investigación. De camino, pulsó unos botones del ordenador de pulsera y comenzó a hablar por él.

—Christopher, supongo que ya te habrás enterado de todo lo que está ocurriendo en estos momentos, ahora mismo me dirijo hacia allá para hacer unas comprobaciones.
—¡Robert! ¿Qué diablos ha pasado ahí fuera? En la base empiezan a circular rumores de todo tipo. Nosotros nos ceñimos a los datos que estamos recibiendo de las estaciones, pero todo es algo confuso. ¿Te encuentras bien? Dijeron que habías estado inconsciente.
—Sí, todo bien por el momento. Escucha, quiero que recopiles los datos térmicos de las últimas horas tomados por los sensores situados hasta un radio de dos kilómetros desde el punto donde apareció esa cosa, y los combines en un modelo de inferencia en profundidad para cuando yo llegue.
—De acuerdo, ¿a qué distancia estás…? —Un pitido seguido de un siseo le hizo darse la vuelta en su silla. La puerta acababa de abrirse tras confirmar la identidad de alguien— Oh, bien…

Ortzi se adentró en la sala de control de datos mientras Christopher Seeker empezaba a teclear comandos en su monitor. Bastaba un vistazo a las enormes pantallas de las paredes para tener un resumen de todo lo que acababa de acontecer: en ellas se mostraba la localización exacta de la zona de la cúpula dañada así como del equipo enviado a repararla y tomar muestras; la posición de los objetos en órbita a Ymir incluyendo la gran "jaula orbital", como Laura la llamaba, la flotilla de embarcaciones militares, y los dos misteriosos objetos a ambos lados del planeta marcados en un vivo color rojo; así como diversos mapas y gráficos de datos. De repente apareció uno nuevo.

—Aquí tienes esos datos, Robert —intervino Seeker con los ojos más abiertos que de costumbre—. ¿Has tenido algún tipo de corazonada o es que esos aparatos te han metido algo en la cabeza?

Ambos miraron fijamente la pantalla que mostraba un perfil vertical del terreno centrado en el lugar donde Ortzi encontró el objeto, y con una línea recta de altas temperaturas dirigida directamente desde ese punto hacia el interior del planeta, sin apenas difusión hacia las zonas más frías unos metros hacia un lado u otro. Una evolución temporal mostraba la súbita aparición de esta columna de alta temperatura desde las profundidades hacia el objeto a la hora aproximada en que lo tocó, alcanzando el mayor valor cuando éste se desplegó y despegó, para ir enfriándose lentamente hacia el interior de la roca, ya acercándose a los valores normales.

—No lo sé, Christopher… No tengo ni la más remota idea… —Murmuró Ortzi, mientras, dirigiendo una mirada al panel donde aparecían los dos misteriosos objetos en órbita, no dejaba de preguntarse qué demonios significaba todo lo que estaba ocurriendo.


sábado, 7 de febrero de 2009

Campaña de validación SMOS

Era la cuarta y última jornada de mediciones. Todas empezaban de la misma forma. Con el cielo mostrando sus últimos tonos azulados por el oeste, caminaba recorriendo las estrechas calles en dirección a la universidad, llevando dos calcetines en cada pie bajo unas buenas botas, un jersey de cuello alto con cremallera aún abierta, la mochila sujeta a mi espalda y un abrigo bajo el brazo. Había que ir preparado para lo que sería otra noche casi completa en el campo de viñedos.

Tras unos diez minutos llegué a los alrededores de la universidad y fui rodeando el recinto del campus, mientras observaba los cimientos de una nueva edificación inacabada iluminados por focos, que junto a las farolas que parecían diseñadas adrede para provocar más contaminación lumínica, prácticamente impedían ver cómo las estrellas más brillantes comenzaban a hacer aparición en la bóveda celeste.

Era la noche del 1 de mayo. Cuando llegué al punto de reunión, la fecha se reflejaba en el número de personas presentes, bastante menor que las otras noches. Me preguntaba si seríamos suficientes para realizar el trabajo esta vez, aunque por otra parte era comprensible que no todos sacrificasen un día de puente para dedicarse a la investigación. Tras ir a que me apuntasen como presente, traté de localizar a mi equipo. Originalmente el grupo completo constaba de unas cien personas organizadas en veinte equipos, cada uno con un estudiante de Físicas voluntario, dos de Ciencias Medioambientales que contaban el trabajo como práctica en empresa, y una persona directa o cercanamente relacionada con el proyecto.

El proyecto. En esas cuatro noches estábamos participando en la futura misión espacial SMOS de la Agencia Espacial Europea, dedicándonos a lo que sería el ensayo del proceso de validación de los datos que tomará el satélite cuando esté operativo. Para ello, se mediría la humedad del suelo, tanto mediante una sonda de humedad electrónica como tomando muestras de tierra para su análisis directo posteriormente, en una gran cantidad de puntos de una zona de 100 km cuadrados cerca de Utiel antes de amanecer, para comparar después esos datos con los de instrumentos similares a los de SMOS montados en un avión que sobrevolaría toda la zona sobre las 6 de la mañana. Podía resultar duro, pero tenía algunas ventajas que hacían que mereciese la pena. Recordé una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza cuando unos días antes de empezar hicimos una visita diurna a la zona para conocer el terreno y aprender a utilizar el instrumental: en ese lugar, rodeado por kilómetros de cultivos y alejado de grandes núcleos de población… debía haber un cielo nocturno increíble. Iba a ser una pena tener que estar pendiente precisamente del suelo, con esas posibilidades sobre mi cabeza.

Pronto di con dos de los tres integrantes del equipo: el jefe de grupo, que partiría antes con su coche, y una de las dos estudiantes de medioambientales, paradójicamente la que menos señales daba de pensar acudir esta vez. No estaba mal; tal vez el conductor podría ayudar a meter en bolsas las muestras de suelo y así realizar toda la tarea sin inconvenientes. Volví a dirigir la vista hacia el cielo. Orión estaba ya ocultándose bajo el horizonte, pero podían verse dos planetas aún brillantes: nuestro vecino Marte se encontraba alineado con las estrellas de los gemelos Castor y Póllux, mientras que más alto sobre la eclíptica, Saturno acompañaba a la estrella Regulus en la constelación de Leo. Pronto localicé a Sirio, la estrella más brillante del firmamento después del Sol, que seguía a Orión en su descenso. Disfruté de las vistas mientras charlaba con los compañeros. Parecía que esta vez el tiempo iba a acompañar, y podría disfrutar del último día en aquel oscuro paraje.

Tras unos minutos llegaron los todoterrenos. Vehículos cedidos por VAERSA, o pertenecientes al CIDE, e incluso uno de la Brigada de Control de Plagas, eran nuestro transporte hacia la zona y durante todas las horas que duraban las mediciones. Cada equipo localizó el que llevaba su número y fuimos entrando en ellos, mientras algunos ya empezaban a partir. Los más de 20 vehículos formaban un convoy que debía de ser la mayor parte del tráfico en la autovía hacia Utiel en esos momentos. Me puse a contemplar el exterior, como es costumbre en mí. Se iban viendo cada vez más estrellas conforme nos alejábamos de la zona urbanizada, aunque sabía que desde dentro del coche no vería mucho. Como cada noche, atravesamos un tramo de carretera desde el que podían verse unas luces rojas en lo que parecía el aire a varios metros sobre la parte más alta de los montes a nuestra izquierda y nuestra derecha. Al principio me sorprendieron, pero pronto caí en la cuenta de que no se trataba de otra cosa que los aerogeneradores que había por la zona; esa luz era lo único visible de ellos en la oscuridad. Cuando los dejamos atrás recordé una escena que pude presenciar la primera noche que íbamos a tomar medidas. Ese día salimos algo antes, y Orión estaba aún a medio ocultarse cuando circulábamos por un tramo recto sin ninguna montaña delante: era como si nos dirigiéramos directamente al centro de la constelación, justo enfrente nuestro, y con la mitad superior aún sobre el horizonte. Fue una visión impresionante, aunque estoy seguro de que nadie más se fijó en el detalle.

Una hora de trayecto después, llegamos al bar donde nos daban los bocadillos de cena, y donde se podía estar otro rato con el resto de compañeros. Tras un poco de charla con los amigos de clase a quienes seguramente no veríamos hasta la semana siguiente, nos dirigimos hacia el pueblo donde recogíamos el material que usaríamos por última vez para la campaña de medición. Consistía en una caja cuyo contenido eran unos guantes gruesos de jardinero, chalecos reflectantes para encontrarnos en la oscuridad y linternas para la frente, la sonda de humedad con un voltímetro y pilas de recambio, los cilindros metálicos y la paleta para recoger muestras, bolsas de plástico para guardarlas, el GPS para conocer la posición exacta de cada medida, el mapa de las paradas, el cuaderno para registrar todos los datos… y una enorme tableta de chocolate de la que iríamos dando cuenta poco a poco. Comprobamos que no faltase nada, y por fin, partimos hacia el campo. Allí la oscuridad parecía sólo rota por los faros del coche y las linternas de nuestras frentes, pero aún me resultaba demasiada luz para poder disfrutar completamente de esa jornada. Un poco antes había tomado una decisión para mantener mis ojos lo más acostumbrados posible a la oscuridad: sin importarme lo que pudieran pensar mis compañeros, estaría con los ojos cerrados todos los trayectos en coche para no recibir luz de los faros, apenas encendería mi propia linterna, y me agacharía yo a tomar todas las medidas de la sonda mientras el jefe de grupo apuntaba los datos.

En las dos primeras paradas parecía que el ritmo iba a nuestro favor. Tan sólo tardamos unos 4 minutos en tomar todas las muestras y mediciones, y además podía ver bastantes estrellas cuando nos desplazábamos de un punto de medida a otro. Sin embargo, en la siguiente no iba a ser tan sencillo. La maldita parada número tres: un terreno sin labrar lleno de matorrales y en el que apenas había lugares donde clavar las puntas metálicas de la sonda de humedad de mil euros sin forzarla para que no resultase dañada. Veinte minutos tardamos en tomar las siete medidas con dicho aparato, y toda mi sensibilidad a la oscuridad quedó otra vez reducida. Pero por fin terminamos, y partimos a la siguiente. Yo repetí el proceso, y no abrí apenas los ojos en el trayecto.

Cada vez era capaz de ver más y más estrellas y a reconocer gran número de constelaciones. Era increíble cómo la Osa Mayor y la Menor marcaban claramente dónde estaba el norte, y la facilidad que había para distinguirlas en el cielo. Supuse que en tiempos antiguos, cuando no había luces distribuidas masivamente que empañasen esa visión, sería difícil no saber orientarse de noche en campo abierto. La cantidad de estrellas que podían divisarse empezaba a superar todo lo que había visto hasta entonces, y pese a no haber luna, éstas y el débil resplandor azulado que aún había en el cielo eran suficientes, junto con las luces de las linternas apuntando en dirección contraria a unos diez metros de mí, para caminar sin tropezar con ningún obstáculo entre los guijarros y la tierra. Al pasar el tiempo, conforme mi visión se hacía más y más sensible empecé a distinguir la Vía Láctea cruzando el cielo. Durante la noche pude encontrar por fin la constelación Corona Borealis a simple vista, cosa que nunca había logrado antes, confundiéndo sus estrellas con otras… Incluso llegó un momento en que me llamó la atención una agrupación estelar que no sabía que hubiera ahí. Era como si se tratara de un cúmulo abierto, pero era demasiado grande, parecía estar demasiado cerca, algo demasiado llamativo para que nunca lo hubiera visto, ya que se encontraba relativamente próximo a la Osa Mayor. Descubría cosas en ese cielo tan oscuro que deberían poder verse desde cualquier lugar, y no era así debido a la contaminación lumínica. ¿Acababa de pasar una estrella fugaz justo en el zenit? Tal vez, no estaba seguro.

Seguí observando el cielo entre medida y medida, y cuando eran alrededor de las cuatro empecé a buscar a Júpiter. Sabía que se encontraba en la cúpula celeste cerca de la zona central de nuestra galaxia en esos momentos, en la constelación de Sagitario, y se podía ver que su blanco brillo superaba en magnitud a Arcturus, una estrella que se confundía fácilmente con un planeta de no ser por su localización en el cielo. Realmente deseé tener a mano aunque fueran unos prismáticos para poder ver sus lunas, pero qué le iba a hacer. Esa noche estábamos allí para tomar medidas del suelo, de modo que tendría que tratar de encontrar un cielo así otro día para poder disfrutarlo como se merece. Sin embargo no podía dejar de mirarlo. Había miles y miles de estrellas, y la visión de nuestra galaxia cada vez más alta en el horizonte era impresionante. Recordaba la primera vez que conseguí distinguirla, y no era más que una banda borrosa cruzando el cielo, pero esta vez era distinto. Se podía ver claramente la mayor densidad de estrellas. Podían incluso distinguirse detalles en su estructura. Distinguía las nubes de polvo que ocultaban zonas de mayor resplandor, veía detalles que creía que sólo eran apreciables en fotos de larga exposición, pero que resultaban ser visibles a simple vista, si uno se encontraba bajo un cielo verdaderamente oscuro. Era la mejor Vía Láctea que había podido contemplar en toda mi vida.

El tiempo pasaba, y el trabajo seguía a buen ritmo. La Osa Menor y la Mayor, junto con Casiopea, giraban en torno a la estrella polar de forma apreciable, y yo había conseguido ver unas cinco estrellas fugaces, esta vez seguro de que lo eran. Ya quedaban pocas paradas de las treinta y cinco, y parecía que íbamos a terminar antes que los otros tres días. Con las medidas de la última parcela nuestro estado empezaba a ser eufórico. Ya terminaba todo, y además con media hora de adelanto respecto al día anterior. Ni siquiera había pasado el avión científico aún, y puede que ni siquiera lo oyésemos estando de vuelta en el pueblo. El primero de los días no ocurrió así, y me sonreí al pensarlo. En un principio teníamos que tomar doce medidas de sonda de humedad en cada una de la treintena de paradas, y el trabajo acabó llevando tanto tiempo que no sólo oímos las persistentes pasadas del aeroplano de madrugada, sino que amaneció con nosotros allí, la Luna casi llena se ocultó bajo el horizonte, y no fue hasta las 8 de la mañana cuando terminamos. Para la siguiente ocasión el número de medidas de sonda se había reducido a sólo 7, que resultó ser un número mucho más manejable.

Al fin, terminamos la última de las tres medidas, del último de los 7 puntos, de la última de las 35 paradas… y nos dirigimos de vuelta definitiva hacia el coche. Mis compañeros estaban contentos de poder ir pronto a dormir, y yo sonreí mientras echaba un último vistazo al cielo, para descubrir justo encima de una colina al delgado menguante de la Luna asomando sobre ella. Un buen detalle de despedida, que me recordaba cuánto había valido la pena esa "gran matada", como nos referíamos de broma a toda la operación nocturna. Esperaba volver a disfrutar pronto de un cielo como el que había visto esa noche.

Algún día lo conseguiría.

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Para quien quiera saber más sobre la misión espacial y la validación de medidas, basta con seguir los enlaces del texto. Incluso puede vérseme a mí en esta foto en la página oficial de la ESA, donde se ve a mis dos compañeras en uno de los tres primeros días. Yo soy el dueño del brazo que sujeta el voltímetro a la izquierda de la imagen. El jueves 11 y el día 13 de diciembre, el canal Punt 2 de TVV emitió un programa sobre esta actividad, y se podía ver en su página web, pero parece que ya no lo tienen. Trataré de subirlo a YouTube en unos días y actualizaré la entrada.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Proverbio árabe

Hace unos años encontré esto en un libro dedicado a las teorías del todo. Teniendo en cuenta que hace tiempo que no actualizo el blog como debería, me ha parecido interesante compartirlo con vosotros:

El que no sabe y no sabe que no sabe es un idiota. Huye de él.
El que no sabe y sabe que no sabe es un niño. Enséñale.
El que sabe y no sabe que sabe está dormido. Despiértale.
El que sabe y sabe que sabe es un sabio. Síguele.

;)


lunes, 28 de julio de 2008

Mormones a la vista

Hace un año y pocos meses, iba yo caminando por una calle de mi ciudad, cuando vi a unas decenas de metros hacia delante a una pareja de chicos jóvenes, trajeados y bien arreglados, que conversaban con algunos de los viandantes que paseaban por allí. Por sus gestos y acciones características, estaba claro: debían de ser mormones. Observé que había poco tráfico por la calzada, de modo que podía perfectamente cruzar a la acera de enfrente y así evitarlos, sin embargo no tenía nada que hacer aquella tarde, y en mi mente había una especie de expresión pícara que murmuraba "posibilidad de conversación interesante dentro de unos instantes…". De modo que decidí seguir mi camino sin desviarme. Ellos se encontraban justo en mi ruta.

Cuando llegué a su altura, y como era de esperar, me abordaron. El diálogo que hubo a continuación es más o menos el expuesto bajo estas líneas.

Uno de ellos, con su acento extranjero (¿por qué siempre son extranjeros? ¿Tan poca gente captan aquí? ¿O no confían en la gente captada en España para seguir captando gente?), me preguntó algo sobre si quería encontrar a Dios o algo parecido, no recuerdo exactamente.
No, no, yo no creo en… —dije con un ademán mientras trataba de pasar de largo.
Con una sonrisa, me dijo entonces:
Pero si no informas, no sabrás si crees o no…
Yo ya estaba de espaldas a él, pero una sonrisa se dibujó también en mis labios. Me detuve, y me di la vuelta.
Bueno, es que lo que he dicho no es exactamente correcto. Más que no creer, yo es que soy agnóstico.
¿Agnóstico…? No sé qué es la palabra… —Dijo algo confuso.
La verdad es que me sorprendió que siendo personas dedicadas a la religión no conocieran su significado, sobre todo cuando en inglés la palabra es prácticamente igual que en castellano…
Pues agnóstico significa que ni crees ni no crees. No puedes tener pruebas ni de que Dios existe ni de que Dios no existe, por tanto da igual lo que creas…
—Entonces dices que no creerás hasta que no tengas pruebas, ¿no?
—¡No, es que no puedes tener pruebas!
—Sonreí.—Es imposible demostrar que Dios existe o no, por eso digo que para mí importa poco creer… No tiene mucho efecto hacer una cosa u otra…
Hm… —reflexionó.
Era como si nadie le hubiera planteado nunca esta cuestión. Pero entonces el segundo mormón, que había permanecido callado todo el rato, comenzó a hablar. Noté que tenía una mirada recelosa.
Pero lo que tú dices no es cierto… Porque yo he sentido cosas que sólo pueden ser Dios.
No recuerdo si añadió que las había sentido leyendo la Biblia, pero me vinieron a la cabeza todos los documentales que había visto años atrás sobre las experiencias místicas, en los que se explicaban los cambios en la actividad cerebral que se producían en ese estado, y que causarían probablemente las sensaciones que describen quienes pasan por ellas. De modo que respondí.
Mmm… bueno, es que lo que dices es que tú interpretas que eso es Dios, pero yo pienso que puede ser otra cosa. —¿Dije algo de la explicación de arriba? No estoy seguro. —Uno puede interpretar que eso es Dios, pero puede tener otra causa, no tiene por qué ser esa.
En este momento, viendo que en el tiempo que estaban invirtiendo conmigo se les estaba escapando mucha más gente (cosa en la que yo ya había pensado cuando decidí pararme a hablar con ellos, jeje), y tal vez porque no les resultase cómodo ver cuestionadas sus ideas de esa forma, decidieron terminar. Me entregaron el folleto que estaban repartiendo, que debía de ser su objetivo principal desde el principio. Volvió a hablar el primero de los dos.
Bueno, de todas formas, mira esto, entra en la página web a ver si cambias de opinión. ¿Lo harás? —Siempre con su sonrisa.
Sí, sí. —Le dije. Supongo que algún día tendré que visitarla :P

Cuando terminó conmigo, se volvió rápidamente para no dejar escapar a un viandante que ya casi había superado la "zona de peligro" sin ser abordado. Tuvo que frenar bruscamente para no llevarse al mormón por delante, con cara de sorpresa. "Lo siento, no he podido entretenerlos más", pensé mientras me reía por dentro. Pensé en el objeto que llevaba en la bolsa de mi mano derecha, y sonreí. Aquella tarde yo estaba de buen humor.



Más tarde, hablando con algún amigo sobre temas teológicos (Erráticus, hazte ya un blog al que pueda enlazar, hombre), he reflexionado más sobre el problema. Y creo que lo más importante para determinar la existencia o no de ese dios, es su definición. Poniendo ejemplos, tenemos el Dios de las religiones monoteístas, "conocido" por muchos, pero incluso éste tiene muy diversas interpretaciones. Uno puede tomar literalmente lo que dicen las escrituras, o ir más allá. Algunos consideran que Dios es la propia naturaleza, o por extensión, todo el Universo. No tendría problema alguno en decir que creo que Dios existe, si por Dios entiendes el Universo mismo, puesto que de hecho, lo estamos percibiendo y midiendo constantemente. Otros pueden afirmar que Dios son las leyes naturales que rigen y determinan el mundo, teniendo de esta forma el control sobre el mismo, o incluso podría entenderse Dios como la continua creación de estados de partículas a partir de la indeterminación existente en el reino cuántico. Y podríamos seguir y seguir. De modo que en ocasiones, cuando me preguntan si creo, les digo que antes de responder me definan "Dios". Y a muchos les sorprende esta pregunta, asumiendo que la única posibilidad es la primera mencionada.

Pero si nos ponemos con un Dios cuya existencia es infalsable, mi postura es más o menos la de la conversación de arriba. Aplicando la navaja de Occam, actúo en la mayoría de las ocasiones como un ateo, pero siendo totalmente estricto, y al ser infalsable, simplemente no tiene respuesta. No se puede afirmar ni que existe ni que no existe Dios. Sencillamente… la pregunta no tiene sentido. No puede responderse.

Éstas son mis razones para definirme como agnóstico, aunque existe toda una serie de nombres para estas cosas. En otra conversación con Erráticus, tratamos de clasificarme en una de las categorías según tu grado de creyente o ateo. Jamás pensé que aquello fuese tan intrincado: agnóstico débil, ateo fuerte, ateo débil, etcétera… Y según las definiciones de cada categoría, no me veía encajando en ninguna de ellas completamente. Además, los matices y sutilezas de mi postura pueden ir cambiando con el tiempo. No me gusta encasillarme. Soy una persona a la que le gusta centrarme en los fenómenos, dejando como algo secundario el nombre que se les dé a ellos. Las definiciones y clasificaciones dependen en muchas ocasiones de límites arbitrarios, que por ello no considero demasiado importantes. Es cuestión de palabras, simplemente. Yo prefiero exponer mis razones e ideas, y que ya cada uno me clasifique donde considere oportuno. Juzgad por vosotr@s mism@s.


viernes, 25 de julio de 2008

¡Nuevo trailer de Threads of Destiny!

Hola a todos de nuevo. Antes que nada quería decir que sí, en efecto, sigo vivo (al menos virtualmente hablando), y pienso seguir con el blog ;) ¿Los motivos de mi ausencia? Se podrían resumir en una palabra: MundoReal™. El nivel de trabajos y otros asuntos aumentó la cantidad de tiempo que había que dedicar a ellos, y esto junto con la época de exámenes se colocaron más alto que el blog en la lista de prioridades. Tras esto, realicé dos viajes, y volví del segundo el miércoles, de modo que tampoco pude escribir nada. Pero tengo más de una decena de entradas pendientes, que debería poder desarrollar cuando esté este verano sin Internet, y colgarlas en los momentos en que disponga de él. Ya irán apareciendo :D

Pero volviendo al tema de la entrada… Rasmus Tirzitis me acaba de comunicar que Threads of Destiny, el fan film para el que animo escenas en 3D, ¡tiene nuevo tráiler! Es increíble cómo va mejorando la calidad técnica de la película día tras día, gracias al excelente equipo de post-producción de que ésta dispone (me refiero al resto de personas, que son las que han ido haciendo mejores y mejores trabajos cada vez, mientras que yo llevo un tiempo sin producir nada por las mismas razones que mantenían este blog sin actualizar). Los sucesivos trailers son una muestra de ello, cada uno mejor que el anterior. Pero sin más preámbulos, os lo dejo aquí para que lo disfrutéis, aunque en la página correspondiente de YouTube puede verse con más calidad. Pinchad en el enlace si queréis verlo mejor. Un saludo, y hasta la próxima!




sábado, 26 de abril de 2008

Trailer del Año Internacional de la Astronomía

Hace unas horas he podido ver el trailer realizado para promocionar el Año Internacional de la Astronomía (IYA, en inglés), que se celebrará el año que viene en todo el mundo, celebrando 400 años desde que Galileo apuntó su telescopio al cielo por primera vez.

He de decir que este vídeo me ha impresionado. Así es como se deberían producir todos los vídeos para llamar la atención de la gente sobre temas científicos. Es realmente increíble. Espero que lo disfrutéis. Puede ser recomendable incluso ir a YouTube y verlo con mayor calidad, o bajárselo de la web del IYA2009 ;)