lunes, 7 de noviembre de 2011

Innovación, cine y ciencia ficción

En los últimos años han ido apareciendo, en gran parte gracias a internet, formas nuevas de hacer cine y dar a conocer el resultado a un gran número de personas que podrían, o no, haber participado o colaborado en su realización. Aunque la tendencia tuvo orígenes con un nivel bastante humilde, últimamente las facilidades para realizar algo con calidad casi profesional están al alcance de muchas personas, y aunque al hablar del tema a gente que no está metida en esto las reacciones pueden ser de bastante escepticismo inicial, los resultados pueden llegar a ser impresionantes. Entre este tipo de proyectos, hay tres en concreto con los que estoy relacionado de una forma u otra, y hoy quería hablar de ellos.


El primero, que ya he comentado aquí en repetidas ocasiones, es el fan film Star Wars: Threads of Destiny. Los fan films son películas o cortometrajes creados por fans de la película o universo ficticio en los que están ambientados, y tienen una gran tradición especialmente entre los aficionados a Star Wars, debido a que George Lucas decidió dar vía libre en este tema y no poner impedimentos por infracción de derechos siempre que no hubiese ánimo de lucro por parte de los realizadores (excepto en la competición oficial de AtomFilms). Sin embargo, lo que empezó siendo mayoritariamente vídeos de amigos luchando con palos a los que añadirle por ordenador efectos de sable de luz o parodias de las películas, ha ido evolucionando hasta dar lugar incluso a largometrajes serios con efectos especiales más que decentes (ejemplos de estos fan films pueden verse en recopilaciones como la que hay aquí en TheForce.net y la página recientemente creada por fans SW Fanfilms). Threads of Destiny es uno de estos casos. Esta película, que empezó a rodarse en 2005 y para la cual llevo animando y renderizando escenas en 3D para la misma de forma esporádica desde hace unos cinco años, tendrá una duración de dos horas y narra una historia que en mi opinión recuerda bastante a lo que un fan consideraría "una historia de La Guerra de las Galaxias". Para seguir sus progresos, en estos momentos la fuente principal de información es su página en Facebook, en la que se publicó hace poco se publicó el cuarto vídeo del cómo se hizo (en el que aparezco brevemente) que se puede ver a continuación. Si queréis ver alguna toma mía, hay alguna en este vídeo de hace años (al principio, y justo antes y durante mi intervención). Hay más vídeos interesantes en el canal de YouTube de la película, y además recomiendo echarle un vistazo a esta compilación de los efectos que realizó en el último año Andreas Feix, posiblemente la persona que más trabajo esté haciendo en la fase de post-producción. En cuanto a la fecha en la que se terminará la película, debido a que nadie puede cobrar por este trabajo todos hacemos los efectos en nuestros ratos libres, de modo que en el último trailer se añadió el mensaje "released on completion". Cuando esté terminada, se dará a conocer :)




El segundo de los proyectos que quería mencionar se llama L5, y está orientado desde una perspectiva diferente. En este caso, un grupo de gente ya profesional o semi-profesional en temas de cine decidió crear por su cuenta una historia de ciencia ficción dura debido a la poca presencia de este subgénero en las pantallas. El resultado será una miniserie de la que el episodio piloto está a punto de ser terminado, y se centrará en la tripulación de una misión a la estrella de Barnard, que al volver al Sistema Solar se encuentra con que la IA de la nave les ha mandado por algún motivo en un viaje relativista de 200 años de duración. Cuando despiertan de la hibernación, no hay rastro de la humanidad que una vez pobló el sistema, y su única esperanza es entrar en una enorme colonia espacial situada en el punto de Lagrange L5 del sistema Tierra-Luna.


Para conseguir financiación, decidieron que fueran los fans los que aportaran el dinero de forma voluntaria (crowdfunding) mediante una página en Kickstarter, y la rigurosidad científica la aportaría su director Stanley Von Medvey, que antes de dedicarse al cine estudió astrofísica y trabajó diseñando instrumentación para la NASA. Una vez obtenido el dinero suficiente y grabar el primer episodio siguieron pidiendo la colaboración de los fans para dar el proyecto a conocer y conseguir dinero para la post-producción y la banda sonora hasta llegar a la situación actual, con una pinta impresionante como puede verse en este vídeo de sus efectos especiales:


Para más información, se puede ir a su web, o estar al tanto de su blog de producción, así como visitar el grupo de facebook (donde suelen poner todas las actualizaciones) o seguirles en Twitter.



Por último, el tercero de los proyectos es ya una película con todas las de la ley, desde la realización hasta el presupuesto. Se trata de El Cosmonauta, un largometraje español de los que no parecen de aquí, que destila calidad en cada detalle y que sus creadores aprovechan para dar de paso un vuelco completo a la forma de hacer cine. Como puede verse en su web oficial (y también en la antigua versión de la misma), su financiación sigue un modelo más parecido al de los proyectos anteriormente mencionados que al normalmente usado en esta industria, sobre todo con algo de tal envergadura: aparte de inversores y patrocinadores, todo aquél que lo desee puede convertirse en productor de la película aportando una cantidad mínima de 2€ y aparecer en los créditos de la misma, o incluso invertir una cantidad de 100€ en adelante y participar de los beneficios que ésta aporte. Además, la película se estrenará simultáneamente en cines, televisión e internet, tendrá licencia Creative Commons y los progresos de la misma pueden seguirse en su blog de producción, y también están muy activos en Twitter y Facebook. Hace apenas dos días hicieron público en la red el trailer oficial, que dejo aquí:


Y como todo lo que pudiera añadir sobre el resultado se quedaría corto, os recomiendo que les sigáis a ellos y vayáis viendo por vosotros mismos cómo se va desarrollando el producto final. El entusiasmo que ponen en cada detalle es contagioso, y lo tienen todo montado de forma que la espera sea parte de la grata experiencia de disfrutar de esta película ;)


Si estamos ante el principio de una verdadera revolución en la industria del cine sólo el tiempo lo dirá, pero de momento a mí estos proyectos me entusiasman. Como habréis podido deducir, en los dos últimos mi participación se reduce a donarles dinero y hacerles promoción gratuita, pero sólo con eso uno ya se siente parte de ello. Ahora sólo falta ver los resultados, y todo apunta a que superarán las expectativas :)

martes, 20 de septiembre de 2011

Amazings.es

Como algunos ya sabéis (y puede verse en la barra lateral), desde hace más de un año soy colaborador del blog de divulgación científica Amazings.es, un proyecto creado por Miguel Artime (Maikelnai’s), Antonio Martínez (Fogonazos) y Javier Peláez (La Aldea Irreductible) para, aprovechando como impulso inicial el gran volumen de tráfico que generaban sus blogs por separado, crear un medio para acercar la ciencia a gran cantidad de gente en Internet. Para ello cuenta con más de 90 colaboradores de muy diversas áreas que ya divulgaban la ciencia en blogs propios u otros medios, y su contribución proporciona una interesante entrada cada día entre lunes y viernes.

La semana pasada se publicó en Amazings la que sería mi primera colaboración (tras mucho retraso), titulada El efecto de lente gravitacional, que da algunos detalles para empezar a entender esta rama de la Astrofísica a la que me dedico profesionalmente desde el pasado noviembre.

¿Quieres saber qué es esto? Haz clic en el nombre de la entrada de Amazings para entenderlo ;) (La imagen la generé con un tamaño suficiente para ser usada de fondo de pantalla, si a alguien le apetece)
Sin embargo ésta no es mi primera contribución al blog, aunque sea la única que aparece en mi perfil. En agosto del año pasado, Hispamail me preguntó si me interesaría colaborar en una entrada que estaba preparando sobre una tablilla que registraba observaciones de Venus realizadas por los babilonios para que explicase la parte astronómica del asunto, y el resultado fue la entrada La tablilla de Ammisaduqa, una mirada al cielo de hace 3.700 años. Posteriormente, Eugenio Manuel transmitió a la lista de correo de Amazings una pregunta que le hizo una alumna en clase: ¿qué ocurriría si la Tierra muriese geológicamente hablando? Las respuestas que dimos los colaboradores daban para mucho, así que se acabó elaborando conjuntamente una entrada en Google Docs con todas nuestras aportaciones, que se publicó como ¿Y si “The Core” fuera real?, en referencia a la que posiblemente sea la película de ciencia ficción más criticada en Internet por su falta de rigurosidad científica.


Pero el blog y la interesante aglomeración de científicos y divulgadores que éste agrupa no es lo único de lo que consta Amazings. Últimamente van surgiendo nuevos proyectos, como la edición de una revista en papel con 10 artículos realizados por sendos colaboradores del blog, y cuyo primer número tratará los diez conceptos científicos que más intrigan e interesan al público en general. Los títulos y algunas imágenes del aspecto de la revista pueden verse en esta entrada de Amazings,y puede conseguirse por sólo 9€ con envío a domicilio siguiendo este enlace. Sólo quedan 10 días para conseguirla, así que recomiendo darse prisa si alguien la quiere ;)

El segundo de estos proyectos es el Amazings Bilbao 2011, un evento de divulgación científica que tendrá lugar en el paraninfo de la Universidad del País Vasco los días 23 y 24 de septiembre –este mismo fin de semana– y en el que se darán charlas breves de temas muy diversos (aquí está el programa completo), además de contar con exposiciones fotográficas sobre el Ártico y el cielo nocturno. Aunque no participo como ponente, allí es donde estaré estos días, conociendo en persona a muchos de los mejores divulgadores de España y seguramente pasándolo en grande. Si alguien de quien lee esto tiene la oportunidad de acercarse pese a lo tardío del aviso, recomiendo asistir :)



Con éstos y otros proyectos en mente por parte de los "jefes" (como la misteriosa pestaña "comunidad", que lleva en la página desde sus inicios), tal vez Amazings.es marque un antes y un después en el ámbito de la divulgación científica española. Yo desde luego estoy dispuesto a aportar mi granito de arena porque así sea ;-)

jueves, 2 de junio de 2011

Física y metafísica, alma y cerebro

Más de una vez me he encontrado en una conversación con personas que piensan que para explicar la consciencia y la mente humanas es necesario recurrir a algo "más allá de lo físico", algo que trasciende todos los experimentos e investigaciones realizadas sobre la mente desde que ésta se estudia de forma científica. Pese a mis intentos de ofrecer explicaciones, insisten en que algo así no puede medirse, y que ellos han visto, sentido, u oído por parte de personas sinceras, cosas que la ciencia no puede explicar. Dejando evidencias anecdóticas aparte, cabe preguntarse si la existencia de una mente metafísica como ente separado del cuerpo, o lo que muchas religiones llaman alma o espíritu, es algo que puede existir realmente.

Podría decirse que lo que hacemos con la mente es pensar y tomar decisiones, entre otras cosas. Con ella podemos decidir mover un brazo o una pierna, por ejemplo. O puede que echar a correr, o resolver una ecuación con lápiz y papel, o incluso escribir una entrada de blog. Todas las acciones que he mencionado se verían impedidas si los nervios que conectan el cerebro con las extremidades resultan dañados, como atestiguan todos aquellos que sufren una lesión medular. Esto indica que esta supuesta mente incorpórea no puede dirigir las acciones del cuerpo directamente, sino que el control lo ejercería a nivel del encéfalo. El alma, a su vez, suele considerarse como algo más emocional y menos lógico que lo que se conoce en general como la llamada "mente", pero las emociones humanas también pueden provocar, por ejemplo, que el corazón lata más rápido, que la cara se sonroje, o incluso que algunas lágrimas escapen de nuestros ojos. En ambos casos nos encontramos con un ente que desencadena respuestas observables en el cuerpo al que está asociado. ¿Y cómo podría algo metafísico provocar respuestas físicas? Necesitamos algún tipo de interacción. Esta mente o alma tiene que interactuar de alguna manera con nuestro sistema nervioso para poder provocar un efecto en él.

Pero esto es, precisamente, en lo que consiste una medición. En Física, para medir el objeto de estudio éste tiene que interaccionar de alguna forma con el aparato de medida, sea éste la cámara de un telescopio, una antena de radio, un termómetro, un gravímetro, uno de los muchos detectores que hay en un colisionador de partículas, o incluso las retinas de nuestros ojos o las neuronas de nuestros dedos. Sin una interacción física, ninguna información que pueda generar el alma o mente puede transmitirse al cuerpo: ningún mensaje de algún dios o espíritu, ninguna premonición del futuro, ni siquiera un simple pensamiento. Por tanto, si algún suceso de este tipo puede darse, la imposibilidad absoluta de ser medido no puede ser una característica del ente que lo produce. Y esto implica a su vez que, dado que debe sufrir necesariamente una interacción física, este ente es algo también físico y no perteneciente a otro tipo de "realidad". Dado que un ente que no pertenece al mundo físico no puede causar absolutamente ninguna alteración en él, podría considerarse que algo así a todos los efectos no existe.

Ahora bien, ¿podría una entidad del tipo mente o alma existir en realidad? Hay que decir que hasta la fecha no se ha realizado ninguna medición o experimento que apunte a su existencia (no, las "fotografías del aura" que fueron populares hace años no cuentan ya que su carácter fraudulento está demostrado). ¿Pero podría ser que nuestra tecnología no fuera lo suficientemente avanzada como para detectarla? No sería la primera vez. Por poner unos ejemplos, la partícula subatómica denominada neutrino no pudo detectarse hasta 26 años después de que se postulara su existencia en 1930, y algo parecido ocurre con otras partículas ya confirmadas (como el quark top) o incluso las que hoy en día se buscan en experimentos como el LHC para confirmar o descartar modelos teóricos. Sin embargo hay razones importantes por las que estas partículas fueron difíciles de detectar. En el caso del neutrino, nos encontramos con que interacciona tan débilmente con la materia que si apuntásemos un haz de ellos a una pared de plomo, ésta debería tener un espesor que supera el año luz para ser capaz de detener únicamente la mitad de los que la atravesaron. Otras partículas, como el quark top, son tan pesadas que sólo se crean en procesos tan energéticos que tendrían efectos… adversos de producirse rutinariamente en nuestro cuerpo. De modo que si existe alguna partícula energética que transporta la información desde la mente o el alma hasta nuestro cerebro (y viceversa), debe interaccionar lo suficiente con la materia como para provocar efectos en este órgano, y debería poder ser producida a energías mucho más bajas que el límite máximo de nuestros aceleradores. Algo así en principio ya debería haber sido detectado hace tiempo. Y si la interacción entre alma/mente y cerebro es de un tipo completamente nuevo y desconocido para la ciencia, las ecuaciones que describen toda la física de partículas deberían ser alteradas de tal modo que se contradiría todo lo que sabemos de la materia hasta ahora, como bien explica Sean Carroll en esta detallada entrada. Dado que estas ecuaciones describen con precisión todo lo que ocurre a escalas cotidianas, no parece una opción viable.

Pero queda un resquicio. Tal vez el alma/mente no puede medirse con detectores corrientes porque interacciona específicamente con las neuronas del encéfalo. Que sólo afecte a éstas explicaría la imposibilidad de medición mencionada anteriormente, pero aquí surgen algunos detalles interesantes. En efecto, si existe un alma o mente separada del cuerpo, parece que su relación con las neuronas es increíblemente íntima. Décadas de investigaciones sobre lesiones del cerebro han mostrado cómo dependiendo de la región del mismo en la que tengan lugar, las capacidades cognitivas e incluso la personalidad pueden verse alteradas drásticamente. Si todas o al menos parte de estas características pertenecen al alma o la mente, parece ser que ésta se ve modificada de acuerdo a los cambios en la estructura cerebral. Incluso la introducción de hormonas, fármacos o drogas pueden afectar a sus capacidades o los sentimientos que expresa en cada momento. Es como si esta mente o alma fuera un fiel reflejo de la actividad neuronal y cómo ésta se ve afectada por agentes externos o internos. Y si esto es así, ¿no habría que considerar que el alma o la mente no fueran más que el resultado de la acción coordinada de millones de neuronas en un órgano extremadamente complejo mediante procesos puramente biológicos, en vez de invocar a una entidad sobrenatural como explicación? A la vista de los inconvenientes expuestos a lo largo de este texto, parece la opción más razonable.

A lo largo de mi vida, he ido intentando cada vez más que mis creencias tuvieran una base lo más fundamentada posible. Cuestionar lo que uno piensa, y poder explicar por qué lo piensa, son herramientas imprescindibles para poder eliminar sesgos a la hora de realizar interpretaciones y tomar decisiones que pueden tener gran relevancia en el camino que uno escoja seguir en su propia vida, por lo que trato de aplicarlas en la medida de lo posible. Lo que puede leerse aquí son los argumentos por los que no creo en la existencia de una mente o alma como un ente sobrenatural separado del cuerpo al que normalmente está asociado. Por supuesto, son susceptibles de cambiar ante evidencias de su incorrección si éstas son razonables. Y dado que una enorme cantidad de gente tiene una opinión sobre este tema contraria a la mía, creo que puede resultar útil dejarlos plasmados aquí. Las críticas son bienvenidas.


martes, 12 de abril de 2011

Un duro golpe a la esperanza. 2ª Parte.


Desastre

El día estaba cada vez más próximo. Tomado por muchos como motivo de celebración, el gigante gaseoso que nos hizo interesarnos por primera vez en en ese sistema ocultando la luz de su sol estaba a punto de finalizar un nuevo ciclo acercándose lentamente al disco de su estrella, que algunos telescopios conseguían vagamente resolver. Desde múltiples observatorios en diversos puntos del Sistema Solar interior, el seguimiento iba aumentando en intensidad tratando de descubrir y caracterizar nuevas lunas, o quizá estructuras, orbitando en torno al coloso. Los equipos con espectrómetros se afanaban en recolectar datos teniendo en mente la posibilidad de encontrar allí también señales de vida, aprendiendo todo lo posible para complementar los estudios directos que diversas sondas llevaban a cabo en Júpiter y Saturno. La probabilidad era baja, pero como nos había enseñado este sistema —y también otros, recientemente—, no podía darse nada por sentado.

Cuántas cosas habían cambiado desde aquel primer tránsito. Por aquel entonces, sólo en el planeta Tierra se conocían formas de vida, y la humanidad apenas se había alejado de su órbita baja en un puñado de ocasiones. Ahora se miraba a esos años como a un niño que aún no ha aprendido a andar, con una sonrisa al pensar en todo lo que éste sería capaz de conseguir en etapas siguientes. Pero al mismo tiempo, este distante punto en el cielo nos recordaba el camino que aún nos quedaba por recorrer, cuánto nos faltaba aún por crecer si queríamos llegar al nivel de lo que podría estar esperándonos sólo en esta galaxia. Para algunos se trataba de una cuestión de supervivencia; para otros, de maravilla por la posibilidad de increíbles avances en el conocimiento; pero ante todo, mucha gente contemplaba los descubrimientos que llegaban de aquel sistema como una posible visión del futuro de la humanidad, tratando de aprender en lo posible de esta fuente de inspiración, con la que quién sabe si se entraría en contacto en algún futuro.

Pero entonces algo inesperado sucedió. En el espacio de unos minutos, los detectores de casi todos los instrumentos que apuntaban a la estrella quedaron saturados. Y por primera vez desde el descubrimiento de tantas maravillas en torno a ese lejano sol, éste pudo verse claramente en la bóveda celeste a simple vista, sin necesidad de telescopio alguno, mientras su luminosidad en el cielo aumentaba hasta llegar a superar en brillo a la del mismo Venus. Apenas tardó unas horas en alcanzar su luminosidad máxima para a continuación desvanecerse lentamente a lo largo de varios días, pero la humanidad quedó profundamente asombrada por el evento. Ya desde las primeras horas, docenas de preguntas empezaban a multiplicarse: ¿se trataba de algún tipo de señal? ¿Sería éste el comienzo del primer contacto extraterrestre con una civilización avanzada? Si era así, parecía que nos llegaba con más de un siglo de adelanto. De hecho, aún faltaban años para que desde su lejano sistema pudieran detectarse nuestras emisiones de radio al espacio. Algunos empezaron a especular sobre la posibilidad de que estuviesen vigilándonos hacía tiempo y los progresos tecnológicos de nuestra civilización les hubieran sido revelados por los cambios producidos en nuestra atmósfera durante la revolución industrial. Sin embargo, voces críticas señalaron que el tiempo necesario para que nuestra luz alcanzase su estrella y luego una señal luminosa de tales características enviada desde allí llegase a nosotros era superior al que había transcurrido desde esa época. Decidiendo mantenernos ajenos a especulaciones e hipótesis infundadas, los astrofísicos que disponíamos de datos decentes nos dedicamos a procesarlos junto a los obtenidos por astrónomos no profesionales y tratamos de analizarlos lo más rápida y concienzudamente que podíamos. Pero poco a poco, a medida que los cálculos empezaban a encajar con los datos, un sentimiento de desolación generalizado empezó a extenderse por la comunidad científica. Casi con toda probabilidad, un suceso verdaderamente terrible acababa de ocurrir.

La actividad en los observatorios fue frenética durante esos días, mientras todo el mundo trataba de hallar más pistas que pudieran aclarar el fenómeno que había tenido lugar, pero las evidencias eran desesperanzadoras. El gran aumento de luminosidad parecía provenir del propio gigante gaseoso y sus alrededores, que se habían convertido en una gran envoltura de polvo y gases en expansión con un diámetro aparente que superó al de su estrella en poco tiempo. Quiso la casualidad que un par de días más tarde lo que había sido del gigante se situase entre ésta y nuestros instrumentos, permitiendo a la espectrometría revelar con mayor fiabilidad la composición de esa envoltura. Grandes cantidades de elementos radiactivos abundaban en ella en proporciones inusuales. Algunas de las lunas detectadas en su tránsito anterior, y cuya órbita pretendía refinarse en esta ocasión, fueron imposibles de encontrar.

Cuando la atención se centró en los planetas interiores tratando de averiguar si se habían visto afectados, los hallazgos fueron devastadores. Las evidencias de vida abundante en todas sus superficies habían dado paso a una composición química diferente. Continentes que hasta entonces mostraban la luz reflejada por millones de organismos fotosintéticos dejaban ahora ver señales de combustión, de roca fundida y carbonizada. Sus atmósferas, al parecer más tenues que antes, contenían en forma de vapor parte de lo que habían sido océanos. Mundos que inicialmente eran comparables al Edén habían pasado a convertirse en horribles infiernos. Las enormes estructuras espaciales tampoco parecían haber corrido mejor suerte: de las que pudieron detectarse, ninguna volvió a mostrar cambios de órbita como los que intrigaban a la comunidad científica con cada nueva observación. Ningún signo de vida se hizo patente en los pocos años que el gas y polvo que antes había formado el coloso tardó en repartirse por el sistema como un manto de oscuridad, dejando al ser humano una difusa señal infrarroja como única evidencia de aquella estrella que tanto le había inspirado en los últimos tiempos.

No pude evitar derramar lágrimas en el primer momento en que comprendí lo que estaba sucediendo. De algún modo, el mayor gigante gaseoso del sistema había estallado en forma de nova, esterilizando sus alrededores en muchas unidades astronómicas a la redonda. La energía recibida por los planetas interiores, casi un millón de veces superior a la que les llegaba normalmente desde su sol, fue suficiente como para destruir el hemisferio orientado hacia el joviano hasta una profundidad de entre decenas y miles de metros, no sin antes disociar e ionizar buena parte de las moléculas en sus atmósferas. Finalmente, cantidades ingentes de elementos inestables formados por la captura de neutrones en la explosión termonuclear se depositaron en las superficies de planetas y estructuras meses o años después, bañándolas con dosis de radiación que alcanzaron niveles letales en pocas semanas.

El optimismo reinante sufrió un golpe mortal el día que se dieron a conocer los resultados de estos análisis. Durante décadas se había usado a los habitantes de aquel sistema como símbolo de que podíamos sobrevivir a nosotros mismos. De que colaborando internacionalmente en vez de permanecer enfrentados se podían lograr grandes cosas. De que podíamos salvar la vida en la Tierra expandiéndonos por el espacio. Y sin embargo era muy posible que durante todo este tiempo hubiésemos estado observando los fantasmas de una civilización destruida por completo el siglo anterior. Pocas cosas podían provocar un cambio más radical en el significado otorgado a esa estrella.

Entre la enorme cantidad de dudas presentes, aún quedaban muchas por resolver sobre la naturaleza del estallido, siendo las causas que podían haber desencadenado tal desastre lo que más intriga creaba en científicos de múltiples campos. La inexistencia de señales que pudiesen apuntar a un evento así en el pasado de alguno de los cientos de sistemas estelares analizados parecía indicar que al menos un suceso de estas características sería poco frecuente, si nuestros modelos de su evolución posterior eran correctos. No obstante, todos teníamos en mente que en ningún caso los modelos manejados de evolución planetaria de gigantes gaseosos habían predicho la ignición espontánea de una reacción nuclear de tal calibre en su interior. Mientras los astrofísicos teóricos trataban de averiguar qué condiciones serían necesarias para que un gigante gaseoso produjera una explosión de tipo nova, la posibilidad de que la catástrofe observada hubiese comenzado sin ayuda de una entidad inteligente parecía cada vez más improbable. Ya en la primera década del siglo se había empezado a especular sobre el peligro que podía suponer la detonación de un potente artefacto nuclear en las profundidades de un planeta como Júpiter, en regiones donde factores como una mayor concentración de deuterio, presiones capaces de convertir el hidrógeno en un metal, y temperaturas próximas a la de la superficie del Sol, podrían ayudar a mantener una reacción de fusión autosostenida que se propagaría hasta destruir gran parte del gigante.

¿Sería posible que esa catástrofe hubiera sido el resultado de un experimento que no salió de la forma esperada? Tal vez. Pero había otra posibilidad que llenaba de inquietud las mentes de la humanidad: la destrucción de casi todo su sistema podría haber sido el resultado de una brutal guerra interplanetaria. Cada nuevo movimiento y despliegue tecnológico, que observábamos y estudiábamos año tras año llenos de admiración, podría no haber sido otra cosa que el desarrollo de un conflicto bélico cuyas proporciones no podíamos más que imaginar. Si el fenómeno que tuvo lugar en el joviano había sido provocado por esta razón, el último resquicio de optimismo respecto al futuro de nuestra propia civilización se evaporaba, dando paso al desasosiego. ¿Nos encontrábamos ante la solución a la famosa paradoja de Fermi? Quizás el no haber encontrado signos de una inteligencia capaz de usar la energía de toda una galaxia, mirásemos donde mirásemos en el cosmos, se debiese a que en fases más tempranas de su desarrollo tecnológico su autodestrucción fuese inevitable.

Un oscuro porvenir podría estar aguardándonos de ser cierto este escenario, pero debemos ser cautos. Pese a que esta opinión comenzaba a extenderse, y con ella un cierto pesimismo, la verdad es que aún no podemos saber qué sucedió realmente en esa vecina región del espacio. Contemplar la destrucción de la que podría haberse convertido en la primera civilización extraterrestre con la que la humanidad entraba en contacto en toda su historia fue algo increíblemente trágico, pero no podemos olvidar que aquel lejano sistema había sido para nosotros un símbolo en el que proyectar todo lo que creíamos que podíamos llegar a conseguir, lo que podíamos llegar a alcanzar si colaborábamos en vez de competir con nosotros mismos. Gracias a esa nueva mentalidad conseguimos mucho en las últimas décadas, y la tendencia sigue siendo positiva. No cabe duda de que somos capaces de lograr grandes cosas. Es cierto que las noticias del evento habían asestado un duro golpe a la esperanza puesta en nuestra propia supervivencia, pero tal vez esto indique que ha llegado el momento de dejar de usar como guía un tenue punto de luz en el cielo, para confiar en que la humanidad forje su propio destino. A pesar de todo aún quedan miles de sistemas estelares por explorar en detalle, varios de ellos con indicios de vida en alguno de sus planetas. Tal vez esa había sido sólo la primera civilización que la humanidad descubriría. La primera de lo que podría convertirse en un gran número con el que establecer conversación en un futuro lejano. Incluso es posible que la descubierta en aquel primer sistema hubiese sobrevivido al desastre en refugios a varios kilómetros de profundidad bajo la superficie de los cuerpos planetarios con grandes medidas de protección radiológica. O, lo que podía resultar más interesante, en ruta a estrellas cercanas o colonizando las mismas si resultaban disponer ya de capacidad de viaje interestelar.

Fuera cual fuese el destino de la que había sido fuente de inspiración durante décadas, una pregunta quedaba pendiente: ¿qué rumbo tomaría la humanidad a partir de este momento? La respuesta, a mi juicio, era obvia: nadie puede saberlo con seguridad. Al igual que no podía saberse antes del descubrimiento de aquel primer tránsito del joviano por delante de su hasta ahora famosa estrella. Sin embargo, todo lo que habíamos conseguido gracias a su presencia en el cielo es digno de una gran admiración. El pensar que todo podía salir bien había logrado difuminar fronteras geográficas, sociales y económicas, el nivel de vida había aumentado y estábamos dando nuestros primeros pasos firmes en la expansión por el Sistema Solar. Con la desaparición de esa guía y el replanteamiento de nuestras posibilidades, parece que actualmente el optimismo se está debilitando. Pero hay que recordar que todos estos logros fueron nuestros. Cuando pienso sobre qué ocurrirá con nuestro futuro, es el saber las maravillas de las que somos capaces lo que de verdad me llena de optimismo.

Ahora, como siempre, todo depende de nosotros.



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Para saber más:

The far future of exoplanet direct characterization

Eureka: Las otras tierras del Universo

La Orilla Cósmica: Vivir en planetas no será una buena idea…

Next Big Future: Manmade Sun Explosion Risks

Nick Bostrom: Where are they? Why I hope the search for extraterrestrial life finds nothing [PDF]

Física en la Ciencia Ficción: 50 soluciones a la paradoja de Fermi

Carl Sagan: Un Punto Azul Pálido