lunes 7 de noviembre de 2011

Innovación, cine y ciencia ficción

En los últimos años han ido apareciendo, en gran parte gracias a internet, formas nuevas de hacer cine y dar a conocer el resultado a un gran número de personas que podrían, o no, haber participado o colaborado en su realización. Aunque la tendencia tuvo orígenes con un nivel bastante humilde, últimamente las facilidades para realizar algo con calidad casi profesional están al alcance de muchas personas, y aunque al hablar del tema a gente que no está metida en esto las reacciones pueden ser de bastante escepticismo inicial, los resultados pueden llegar a ser impresionantes. Entre este tipo de proyectos, hay tres en concreto con los que estoy relacionado de una forma u otra, y hoy quería hablar de ellos.


El primero, que ya he comentado aquí en repetidas ocasiones, es el fan film Star Wars: Threads of Destiny. Los fan films son películas o cortometrajes creados por fans de la película o universo ficticio en los que están ambientados, y tienen una gran tradición especialmente entre los aficionados a Star Wars, debido a que George Lucas decidió dar vía libre en este tema y no poner impedimentos por infracción de derechos siempre que no hubiese ánimo de lucro por parte de los realizadores (excepto en la competición oficial de AtomFilms). Sin embargo, lo que empezó siendo mayoritariamente vídeos de amigos luchando con palos a los que añadirle por ordenador efectos de sable de luz o parodias de las películas, ha ido evolucionando hasta dar lugar incluso a largometrajes serios con efectos especiales más que decentes (ejemplos de estos fan films pueden verse en recopilaciones como la que hay aquí en TheForce.net y la página recientemente creada por fans SW Fanfilms). Threads of Destiny es uno de estos casos. Esta película, que empezó a rodarse en 2005 y para la cual llevo animando y renderizando escenas en 3D para la misma de forma esporádica desde hace unos cinco años, tendrá una duración de dos horas y narra una historia que en mi opinión recuerda bastante a lo que un fan consideraría "una historia de La Guerra de las Galaxias". Para seguir sus progresos, en estos momentos la fuente principal de información es su página en Facebook, en la que se publicó hace poco se publicó el cuarto vídeo del cómo se hizo (en el que aparezco brevemente) que se puede ver a continuación. Si queréis ver alguna toma mía, hay alguna en este vídeo de hace años (al principio, y justo antes y durante mi intervención). Hay más vídeos interesantes en el canal de YouTube de la película, y además recomiendo echarle un vistazo a esta compilación de los efectos que realizó en el último año Andreas Feix, posiblemente la persona que más trabajo esté haciendo en la fase de post-producción. En cuanto a la fecha en la que se terminará la película, debido a que nadie puede cobrar por este trabajo todos hacemos los efectos en nuestros ratos libres, de modo que en el último trailer se añadió el mensaje "released on completion". Cuando esté terminada, se dará a conocer :)




El segundo de los proyectos que quería mencionar se llama L5, y está orientado desde una perspectiva diferente. En este caso, un grupo de gente ya profesional o semi-profesional en temas de cine decidió crear por su cuenta una historia de ciencia ficción dura debido a la poca presencia de este subgénero en las pantallas. El resultado será una miniserie de la que el episodio piloto está a punto de ser terminado, y se centrará en la tripulación de una misión a la estrella de Barnard, que al volver al Sistema Solar se encuentra con que la IA de la nave les ha mandado por algún motivo en un viaje relativista de 200 años de duración. Cuando despiertan de la hibernación, no hay rastro de la humanidad que una vez pobló el sistema, y su única esperanza es entrar en una enorme colonia espacial situada en el punto de Lagrange L5 del sistema Tierra-Luna.


Para conseguir financiación, decidieron que fueran los fans los que aportaran el dinero de forma voluntaria (crowdfunding) mediante una página en Kickstarter, y la rigurosidad científica la aportaría su director Stanley Von Medvey, que antes de dedicarse al cine estudió astrofísica y trabajó diseñando instrumentación para la NASA. Una vez obtenido el dinero suficiente y grabar el primer episodio siguieron pidiendo la colaboración de los fans para dar el proyecto a conocer y conseguir dinero para la post-producción y la banda sonora hasta llegar a la situación actual, con una pinta impresionante como puede verse en este vídeo de sus efectos especiales:


Para más información, se puede ir a su web, o estar al tanto de su blog de producción, así como visitar el grupo de facebook (donde suelen poner todas las actualizaciones) o seguirles en Twitter.



Por último, el tercero de los proyectos es ya una película con todas las de la ley, desde la realización hasta el presupuesto. Se trata de El Cosmonauta, un largometraje español de los que no parecen de aquí, que destila calidad en cada detalle y que sus creadores aprovechan para dar de paso un vuelco completo a la forma de hacer cine. Como puede verse en su web oficial (y también en la antigua versión de la misma), su financiación sigue un modelo más parecido al de los proyectos anteriormente mencionados que al normalmente usado en esta industria, sobre todo con algo de tal envergadura: aparte de inversores y patrocinadores, todo aquél que lo desee puede convertirse en productor de la película aportando una cantidad mínima de 2€ y aparecer en los créditos de la misma, o incluso invertir una cantidad de 100€ en adelante y participar de los beneficios que ésta aporte. Además, la película se estrenará simultáneamente en cines, televisión e internet, tendrá licencia Creative Commons y los progresos de la misma pueden seguirse en su blog de producción, y también están muy activos en Twitter y Facebook. Hace apenas dos días hicieron público en la red el trailer oficial, que dejo aquí:


Y como todo lo que pudiera añadir sobre el resultado se quedaría corto, os recomiendo que les sigáis a ellos y vayáis viendo por vosotros mismos cómo se va desarrollando el producto final. El entusiasmo que ponen en cada detalle es contagioso, y lo tienen todo montado de forma que la espera sea parte de la grata experiencia de disfrutar de esta película ;)


Si estamos ante el principio de una verdadera revolución en la industria del cine sólo el tiempo lo dirá, pero de momento a mí estos proyectos me entusiasman. Como habréis podido deducir, en los dos últimos mi participación se reduce a donarles dinero y hacerles promoción gratuita, pero sólo con eso uno ya se siente parte de ello. Ahora sólo falta ver los resultados, y todo apunta a que superarán las expectativas :)

martes 20 de septiembre de 2011

Amazings.es

Como algunos ya sabéis (y puede verse en la barra lateral), desde hace más de un año soy colaborador del blog de divulgación científica Amazings.es, un proyecto creado por Miguel Artime (Maikelnai’s), Antonio Martínez (Fogonazos) y Javier Peláez (La Aldea Irreductible) para, aprovechando como impulso inicial el gran volumen de tráfico que generaban sus blogs por separado, crear un medio para acercar la ciencia a gran cantidad de gente en Internet. Para ello cuenta con más de 90 colaboradores de muy diversas áreas que ya divulgaban la ciencia en blogs propios u otros medios, y su contribución proporciona una interesante entrada cada día entre lunes y viernes.

La semana pasada se publicó en Amazings la que sería mi primera colaboración (tras mucho retraso), titulada El efecto de lente gravitacional, que da algunos detalles para empezar a entender esta rama de la Astrofísica a la que me dedico profesionalmente desde el pasado noviembre.

¿Quieres saber qué es esto? Haz clic en el nombre de la entrada de Amazings para entenderlo ;) (La imagen la generé con un tamaño suficiente para ser usada de fondo de pantalla, si a alguien le apetece)
Sin embargo ésta no es mi primera contribución al blog, aunque sea la única que aparece en mi perfil. En agosto del año pasado, Hispamail me preguntó si me interesaría colaborar en una entrada que estaba preparando sobre una tablilla que registraba observaciones de Venus realizadas por los babilonios para que explicase la parte astronómica del asunto, y el resultado fue la entrada La tablilla de Ammisaduqa, una mirada al cielo de hace 3.700 años. Posteriormente, Eugenio Manuel transmitió a la lista de correo de Amazings una pregunta que le hizo una alumna en clase: ¿qué ocurriría si la Tierra muriese geológicamente hablando? Las respuestas que dimos los colaboradores daban para mucho, así que se acabó elaborando conjuntamente una entrada en Google Docs con todas nuestras aportaciones, que se publicó como ¿Y si “The Core” fuera real?, en referencia a la que posiblemente sea la película de ciencia ficción más criticada en Internet por su falta de rigurosidad científica.


Pero el blog y la interesante aglomeración de científicos y divulgadores que éste agrupa no es lo único de lo que consta Amazings. Últimamente van surgiendo nuevos proyectos, como la edición de una revista en papel con 10 artículos realizados por sendos colaboradores del blog, y cuyo primer número tratará los diez conceptos científicos que más intrigan e interesan al público en general. Los títulos y algunas imágenes del aspecto de la revista pueden verse en esta entrada de Amazings,y puede conseguirse por sólo 9€ con envío a domicilio siguiendo este enlace. Sólo quedan 10 días para conseguirla, así que recomiendo darse prisa si alguien la quiere ;)

El segundo de estos proyectos es el Amazings Bilbao 2011, un evento de divulgación científica que tendrá lugar en el paraninfo de la Universidad del País Vasco los días 23 y 24 de septiembre –este mismo fin de semana– y en el que se darán charlas breves de temas muy diversos (aquí está el programa completo), además de contar con exposiciones fotográficas sobre el Ártico y el cielo nocturno. Aunque no participo como ponente, allí es donde estaré estos días, conociendo en persona a muchos de los mejores divulgadores de España y seguramente pasándolo en grande. Si alguien de quien lee esto tiene la oportunidad de acercarse pese a lo tardío del aviso, recomiendo asistir :)



Con éstos y otros proyectos en mente por parte de los "jefes" (como la misteriosa pestaña "comunidad", que lleva en la página desde sus inicios), tal vez Amazings.es marque un antes y un después en el ámbito de la divulgación científica española. Yo desde luego estoy dispuesto a aportar mi granito de arena porque así sea ;-)

jueves 2 de junio de 2011

Física y metafísica, alma y cerebro

Más de una vez me he encontrado en una conversación con personas que piensan que para explicar la consciencia y la mente humanas es necesario recurrir a algo "más allá de lo físico", algo que trasciende todos los experimentos e investigaciones realizadas sobre la mente desde que ésta se estudia de forma científica. Pese a mis intentos de ofrecer explicaciones, insisten en que algo así no puede medirse, y que ellos han visto, sentido, u oído por parte de personas sinceras, cosas que la ciencia no puede explicar. Dejando evidencias anecdóticas aparte, cabe preguntarse si la existencia de una mente metafísica como ente separado del cuerpo, o lo que muchas religiones llaman alma o espíritu, es algo que puede existir realmente.

Podría decirse que lo que hacemos con la mente es pensar y tomar decisiones, entre otras cosas. Con ella podemos decidir mover un brazo o una pierna, por ejemplo. O puede que echar a correr, o resolver una ecuación con lápiz y papel, o incluso escribir una entrada de blog. Todas las acciones que he mencionado se verían impedidas si los nervios que conectan el cerebro con las extremidades resultan dañados, como atestiguan todos aquellos que sufren una lesión medular. Esto indica que esta supuesta mente incorpórea no puede dirigir las acciones del cuerpo directamente, sino que el control lo ejercería a nivel del encéfalo. El alma, a su vez, suele considerarse como algo más emocional y menos lógico que lo que se conoce en general como la llamada "mente", pero las emociones humanas también pueden provocar, por ejemplo, que el corazón lata más rápido, que la cara se sonroje, o incluso que algunas lágrimas escapen de nuestros ojos. En ambos casos nos encontramos con un ente que desencadena respuestas observables en el cuerpo al que está asociado. ¿Y cómo podría algo metafísico provocar respuestas físicas? Necesitamos algún tipo de interacción. Esta mente o alma tiene que interactuar de alguna manera con nuestro sistema nervioso para poder provocar un efecto en él.

Pero esto es, precisamente, en lo que consiste una medición. En Física, para medir el objeto de estudio éste tiene que interaccionar de alguna forma con el aparato de medida, sea éste la cámara de un telescopio, una antena de radio, un termómetro, un gravímetro, uno de los muchos detectores que hay en un colisionador de partículas, o incluso las retinas de nuestros ojos o las neuronas de nuestros dedos. Sin una interacción física, ninguna información que pueda generar el alma o mente puede transmitirse al cuerpo: ningún mensaje de algún dios o espíritu, ninguna premonición del futuro, ni siquiera un simple pensamiento. Por tanto, si algún suceso de este tipo puede darse, la imposibilidad absoluta de ser medido no puede ser una característica del ente que lo produce. Y esto implica a su vez que, dado que debe sufrir necesariamente una interacción física, este ente es algo también físico y no perteneciente a otro tipo de "realidad". Dado que un ente que no pertenece al mundo físico no puede causar absolutamente ninguna alteración en él, podría considerarse que algo así a todos los efectos no existe.

Ahora bien, ¿podría una entidad del tipo mente o alma existir en realidad? Hay que decir que hasta la fecha no se ha realizado ninguna medición o experimento que apunte a su existencia (no, las "fotografías del aura" que fueron populares hace años no cuentan ya que su carácter fraudulento está demostrado). ¿Pero podría ser que nuestra tecnología no fuera lo suficientemente avanzada como para detectarla? No sería la primera vez. Por poner unos ejemplos, la partícula subatómica denominada neutrino no pudo detectarse hasta 26 años después de que se postulara su existencia en 1930, y algo parecido ocurre con otras partículas ya confirmadas (como el quark top) o incluso las que hoy en día se buscan en experimentos como el LHC para confirmar o descartar modelos teóricos. Sin embargo hay razones importantes por las que estas partículas fueron difíciles de detectar. En el caso del neutrino, nos encontramos con que interacciona tan débilmente con la materia que si apuntásemos un haz de ellos a una pared de plomo, ésta debería tener un espesor que supera el año luz para ser capaz de detener únicamente la mitad de los que la atravesaron. Otras partículas, como el quark top, son tan pesadas que sólo se crean en procesos tan energéticos que tendrían efectos… adversos de producirse rutinariamente en nuestro cuerpo. De modo que si existe alguna partícula energética que transporta la información desde la mente o el alma hasta nuestro cerebro (y viceversa), debe interaccionar lo suficiente con la materia como para provocar efectos en este órgano, y debería poder ser producida a energías mucho más bajas que el límite máximo de nuestros aceleradores. Algo así en principio ya debería haber sido detectado hace tiempo. Y si la interacción entre alma/mente y cerebro es de un tipo completamente nuevo y desconocido para la ciencia, las ecuaciones que describen toda la física de partículas deberían ser alteradas de tal modo que se contradiría todo lo que sabemos de la materia hasta ahora, como bien explica Sean Carroll en esta detallada entrada. Dado que estas ecuaciones describen con precisión todo lo que ocurre a escalas cotidianas, no parece una opción viable.

Pero queda un resquicio. Tal vez el alma/mente no puede medirse con detectores corrientes porque interacciona específicamente con las neuronas del encéfalo. Que sólo afecte a éstas explicaría la imposibilidad de medición mencionada anteriormente, pero aquí surgen algunos detalles interesantes. En efecto, si existe un alma o mente separada del cuerpo, parece que su relación con las neuronas es increíblemente íntima. Décadas de investigaciones sobre lesiones del cerebro han mostrado cómo dependiendo de la región del mismo en la que tengan lugar, las capacidades cognitivas e incluso la personalidad pueden verse alteradas drásticamente. Si todas o al menos parte de estas características pertenecen al alma o la mente, parece ser que ésta se ve modificada de acuerdo a los cambios en la estructura cerebral. Incluso la introducción de hormonas, fármacos o drogas pueden afectar a sus capacidades o los sentimientos que expresa en cada momento. Es como si esta mente o alma fuera un fiel reflejo de la actividad neuronal y cómo ésta se ve afectada por agentes externos o internos. Y si esto es así, ¿no habría que considerar que el alma o la mente no fueran más que el resultado de la acción coordinada de millones de neuronas en un órgano extremadamente complejo mediante procesos puramente biológicos, en vez de invocar a una entidad sobrenatural como explicación? A la vista de los inconvenientes expuestos a lo largo de este texto, parece la opción más razonable.

A lo largo de mi vida, he ido intentando cada vez más que mis creencias tuvieran una base lo más fundamentada posible. Cuestionar lo que uno piensa, y poder explicar por qué lo piensa, son herramientas imprescindibles para poder eliminar sesgos a la hora de realizar interpretaciones y tomar decisiones que pueden tener gran relevancia en el camino que uno escoja seguir en su propia vida, por lo que trato de aplicarlas en la medida de lo posible. Lo que puede leerse aquí son los argumentos por los que no creo en la existencia de una mente o alma como un ente sobrenatural separado del cuerpo al que normalmente está asociado. Por supuesto, son susceptibles de cambiar ante evidencias de su incorrección si éstas son razonables. Y dado que una enorme cantidad de gente tiene una opinión sobre este tema contraria a la mía, creo que puede resultar útil dejarlos plasmados aquí. Las críticas son bienvenidas.


martes 12 de abril de 2011

Un duro golpe a la esperanza. 2ª Parte.

Desastre

El día estaba cada vez más próximo. Tomado por muchos como motivo de celebración, el gigante gaseoso que nos hizo interesarnos por primera vez en en ese sistema ocultando la luz de su sol estaba a punto de finalizar un nuevo ciclo acercándose lentamente al disco de su estrella, que algunos telescopios conseguían vagamente resolver. Desde múltiples observatorios en diversos puntos del Sistema Solar interior, el seguimiento iba aumentando en intensidad tratando de descubrir y caracterizar nuevas lunas, o quizá estructuras, orbitando en torno al coloso. Los equipos con espectrómetros se afanaban en recolectar datos teniendo en mente la posibilidad de encontrar allí también señales de vida, aprendiendo todo lo posible para complementar los estudios directos que diversas sondas llevaban a cabo en Júpiter y Saturno. La probabilidad era baja, pero como nos había enseñado este sistema —y también otros, recientemente—, no podía darse nada por sentado.

Cuántas cosas habían cambiado desde aquel primer tránsito. Por aquel entonces, sólo en el planeta Tierra se conocían formas de vida, y la humanidad apenas se había alejado de su órbita baja en un puñado de ocasiones. Ahora se miraba a esos años como a un niño que aún no ha aprendido a andar, con una sonrisa al pensar en todo lo que éste sería capaz de conseguir en etapas siguientes. Pero al mismo tiempo, este distante punto en el cielo nos recordaba el camino que aún nos quedaba por recorrer, cuánto nos faltaba aún por crecer si queríamos llegar al nivel de lo que podría estar esperándonos sólo en esta galaxia. Para algunos se trataba de una cuestión de supervivencia; para otros, de maravilla por la posibilidad de increíbles avances en el conocimiento; pero ante todo, mucha gente contemplaba los descubrimientos que llegaban de aquel sistema como una posible visión del futuro de la humanidad, tratando de aprender en lo posible de esta fuente de inspiración, con la que quién sabe si se entraría en contacto en algún futuro.

Pero entonces algo inesperado sucedió. En el espacio de unos minutos, los detectores de casi todos los instrumentos que apuntaban a la estrella quedaron saturados. Y por primera vez desde el descubrimiento de tantas maravillas en torno a ese lejano sol, éste pudo verse claramente en la bóveda celeste a simple vista, sin necesidad de telescopio alguno, mientras su luminosidad en el cielo aumentaba hasta llegar a superar en brillo a la del mismo Venus. Apenas tardó unas horas en alcanzar su luminosidad máxima para a continuación desvanecerse lentamente a lo largo de varios días, pero la humanidad quedó profundamente asombrada por el evento. Ya desde las primeras horas, docenas de preguntas empezaban a multiplicarse: ¿se trataba de algún tipo de señal? ¿Sería éste el comienzo del primer contacto extraterrestre con una civilización avanzada? Si era así, parecía que nos llegaba con más de un siglo de adelanto. De hecho, aún faltaban años para que desde su lejano sistema pudieran detectarse nuestras emisiones de radio al espacio. Algunos empezaron a especular sobre la posibilidad de que estuviesen vigilándonos hacía tiempo y los progresos tecnológicos de nuestra civilización les hubieran sido revelados por los cambios producidos en nuestra atmósfera durante la revolución industrial. Sin embargo, voces críticas señalaron que el tiempo necesario para que nuestra luz alcanzase su estrella y luego una señal luminosa de tales características enviada desde allí llegase a nosotros era superior al que había transcurrido desde esa época. Decidiendo mantenernos ajenos a especulaciones e hipótesis infundadas, los astrofísicos que disponíamos de datos decentes nos dedicamos a procesarlos junto a los obtenidos por astrónomos no profesionales y tratamos de analizarlos lo más rápida y concienzudamente que podíamos. Pero poco a poco, a medida que los cálculos empezaban a encajar con los datos, un sentimiento de desolación generalizado empezó a extenderse por la comunidad científica. Casi con toda probabilidad, un suceso verdaderamente terrible acababa de ocurrir.

La actividad en los observatorios fue frenética durante esos días, mientras todo el mundo trataba de hallar más pistas que pudieran aclarar el fenómeno que había tenido lugar, pero las evidencias eran desesperanzadoras. El gran aumento de luminosidad parecía provenir del propio gigante gaseoso y sus alrededores, que se habían convertido en una gran envoltura de polvo y gases en expansión con un diámetro aparente que superó al de su estrella en poco tiempo. Quiso la casualidad que un par de días más tarde lo que había sido del gigante se situase entre ésta y nuestros instrumentos, permitiendo a la espectrometría revelar con mayor fiabilidad la composición de esa envoltura. Grandes cantidades de elementos radiactivos abundaban en ella en proporciones inusuales. Algunas de las lunas detectadas en su tránsito anterior, y cuya órbita pretendía refinarse en esta ocasión, fueron imposibles de encontrar.

Cuando la atención se centró en los planetas interiores tratando de averiguar si se habían visto afectados, los hallazgos fueron devastadores. Las evidencias de vida abundante en todas sus superficies habían dado paso a una composición química diferente. Continentes que hasta entonces mostraban la luz reflejada por millones de organismos fotosintéticos dejaban ahora ver señales de combustión, de roca fundida y carbonizada. Sus atmósferas, al parecer más tenues que antes, contenían en forma de vapor parte de lo que habían sido océanos. Mundos que inicialmente eran comparables al Edén habían pasado a convertirse en horribles infiernos. Las enormes estructuras espaciales tampoco parecían haber corrido mejor suerte: de las que pudieron detectarse, ninguna volvió a mostrar cambios de órbita como los que intrigaban a la comunidad científica con cada nueva observación. Ningún signo de vida se hizo patente en los pocos años que el gas y polvo que antes había formado el coloso tardó en repartirse por el sistema como un manto de oscuridad, dejando al ser humano una difusa señal infrarroja como única evidencia de aquella estrella que tanto le había inspirado en los últimos tiempos.

No pude evitar derramar lágrimas en el primer momento en que comprendí lo que estaba sucediendo. De algún modo, el mayor gigante gaseoso del sistema había estallado en forma de nova, esterilizando sus alrededores en muchas unidades astronómicas a la redonda. La energía recibida por los planetas interiores, casi un millón de veces superior a la que les llegaba normalmente desde su sol, fue suficiente como para destruir el hemisferio orientado hacia el joviano hasta una profundidad de entre decenas y miles de metros, no sin antes disociar e ionizar buena parte de las moléculas en sus atmósferas. Finalmente, cantidades ingentes de elementos inestables formados por la captura de neutrones en la explosión termonuclear se depositaron en las superficies de planetas y estructuras meses o años después, bañándolas con dosis de radiación que alcanzaron niveles letales en pocas semanas.

El optimismo reinante sufrió un golpe mortal el día que se dieron a conocer los resultados de estos análisis. Durante décadas se había usado a los habitantes de aquel sistema como símbolo de que podíamos sobrevivir a nosotros mismos. De que colaborando internacionalmente en vez de permanecer enfrentados se podían lograr grandes cosas. De que podíamos salvar la vida en la Tierra expandiéndonos por el espacio. Y sin embargo era muy posible que durante todo este tiempo hubiésemos estado observando los fantasmas de una civilización destruida por completo el siglo anterior. Pocas cosas podían provocar un cambio más radical en el significado otorgado a esa estrella.

Entre la enorme cantidad de dudas presentes, aún quedaban muchas por resolver sobre la naturaleza del estallido, siendo las causas que podían haber desencadenado tal desastre lo que más intriga creaba en científicos de múltiples campos. La inexistencia de señales que pudiesen apuntar a un evento así en el pasado de alguno de los cientos de sistemas estelares analizados parecía indicar que al menos un suceso de estas características sería poco frecuente, si nuestros modelos de su evolución posterior eran correctos. No obstante, todos teníamos en mente que en ningún caso los modelos manejados de evolución planetaria de gigantes gaseosos habían predicho la ignición espontánea de una reacción nuclear de tal calibre en su interior. Mientras los astrofísicos teóricos trataban de averiguar qué condiciones serían necesarias para que un gigante gaseoso produjera una explosión de tipo nova, la posibilidad de que la catástrofe observada hubiese comenzado sin ayuda de una entidad inteligente parecía cada vez más improbable. Ya en la primera década del siglo se había empezado a especular sobre el peligro que podía suponer la detonación de un potente artefacto nuclear en las profundidades de un planeta como Júpiter, en regiones donde factores como una mayor concentración de deuterio, presiones capaces de convertir el hidrógeno en un metal, y temperaturas próximas a la de la superficie del Sol, podrían ayudar a mantener una reacción de fusión autosostenida que se propagaría hasta destruir gran parte del gigante.

¿Sería posible que esa catástrofe hubiera sido el resultado de un experimento que no salió de la forma esperada? Tal vez. Pero había otra posibilidad que llenaba de inquietud las mentes de la humanidad: la destrucción de casi todo su sistema podría haber sido el resultado de una brutal guerra interplanetaria. Cada nuevo movimiento y despliegue tecnológico, que observábamos y estudiábamos año tras año llenos de admiración, podría no haber sido otra cosa que el desarrollo de un conflicto bélico cuyas proporciones no podíamos más que imaginar. Si el fenómeno que tuvo lugar en el joviano había sido provocado por esta razón, el último resquicio de optimismo respecto al futuro de nuestra propia civilización se evaporaba, dando paso al desasosiego. ¿Nos encontrábamos ante la solución a la famosa paradoja de Fermi? Quizás el no haber encontrado signos de una inteligencia capaz de usar la energía de toda una galaxia, mirásemos donde mirásemos en el cosmos, se debiese a que en fases más tempranas de su desarrollo tecnológico su autodestrucción fuese inevitable.

Un oscuro porvenir podría estar aguardándonos de ser cierto este escenario, pero debemos ser cautos. Pese a que esta opinión comenzaba a extenderse, y con ella un cierto pesimismo, la verdad es que aún no podíamos saber qué sucedió realmente en esa vecina región del espacio. Contemplar la destrucción de la que podría haberse convertido en la primera civilización extraterrestre con la que la humanidad entraba en contacto en toda su historia había sido algo increíblemente trágico, pero no podemos olvidar que aquel lejano sistema había sido para nosotros un símbolo en el que proyectar todo lo que creíamos que podíamos llegar a conseguir, lo que podíamos llegar a alcanzar si colaborábamos en vez de competir con nosotros mismos. Gracias a esa nueva mentalidad conseguimos mucho en las últimas décadas, y la tendencia sigue siendo positiva. No cabe duda de que somos capaces de lograr grandes cosas. Era cierto que las noticias del evento habían asestado un duro golpe a la esperanza puesta en nuestra propia supervivencia, pero tal vez esto indique que ha llegado el momento de dejar de usar como guía un tenue punto de luz en el cielo, para confiar en que la humanidad forje su propio destino. A pesar de todo aún quedan miles de sistemas estelares por explorar en detalle, varios de ellos con indicios de vida en alguno de sus planetas. Tal vez esa había sido sólo la primera civilización que la humanidad descubriría. La primera de lo que podría convertirse en un gran número con el que establecer conversación en un futuro lejano. Incluso es posible que la descubierta en aquel primer sistema hubiese sobrevivido al desastre en refugios a varios kilómetros de profundidad bajo la superficie de los cuerpos planetarios con grandes medidas de protección radiológica. O, lo que podía resultar más interesante, en ruta a estrellas cercanas o colonizando las mismas si resultaban disponer ya de capacidad de viaje interestelar.

Fuera cual fuese el destino de la que había sido fuente de inspiración durante décadas, una pregunta quedaba pendiente: ¿qué rumbo tomaría la humanidad a partir de este momento? La respuesta, a mi juicio, era obvia: nadie podía saberlo con seguridad. Al igual que no podía saberse antes del descubrimiento de aquel primer tránsito del joviano por delante de su hasta ahora famosa estrella. Sin embargo, todo lo que habíamos conseguido gracias a su presencia en el cielo es digno de una gran admiración. El pensar que todo podía salir bien había logrado difuminar fronteras geográficas, sociales y económicas, el nivel de vida había aumentado y estábamos dando nuestros primeros pasos firmes en la expansión por el Sistema Solar. Con la desaparición de esa guía y el replanteamiento de nuestras posibilidades, parece que actualmente el optimismo se está debilitando. Pero hay que recordar que todos estos logros fueron nuestros. Cuando pienso sobre qué ocurrirá con nuestro futuro, es el saber las maravillas de las que somos capaces lo que de verdad me llena de optimismo.

Ahora, como siempre, todo depende de nosotros.



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Para saber más:

The far future of exoplanet direct characterization

Eureka: Las otras tierras del Universo

La Orilla Cósmica: Vivir en planetas no será una buena idea…

Next Big Future: Manmade Sun Explosion Risks

Nick Bostrom: Where are they? Why I hope the search for extraterrestrial life finds nothing [PDF]

Física en la Ciencia Ficción: 50 soluciones a la paradoja de Fermi

Carl Sagan: Un Punto Azul Pálido


domingo 7 de noviembre de 2010

Un duro golpe a la esperanza. 1ª Parte.

Descubrimiento

Habían sido unas décadas de prosperidad. Algunos empezaban a referirse a ellas como "la edad de oro" del progreso humano en toda la historia reciente, remontándose varios siglos en el pasado. Y todo gracias a una pequeña estrella, no muy diferente de nuestro Sol, a más de cien años luz de distancia. Cuando uno se paraba a pensarlo, resultaba increíble cómo aquel pequeño punto de luz había ejercido una influencia tan poderosa en el rumbo que tomaba la Humanidad. Un punto entre muchos, que un siglo antes no hubiera revestido ni la más mínima importancia entre los cientos de miles de su clase en todo el cielo nocturno. Pero este punto, sólo este en concreto, resultó ser especial.

Todo empezó con un seguimiento automatizado, uno entre varios, de las variaciones de brillo de gran número de estrellas en amplias regiones del cielo. El objetivo, detectar los pasos de planetas frente a ellas en caso de que sus órbitas estuviesen alineadas con nuestro sistema solar. Y esta estrella era una de las que cumplían estas condiciones. Fue una de las que por unos momentos fue parcialmente ocultada por un gigante gaseoso en su órbita, y registrada como tal. Pero al contrario que en otras, este evento no volvería a repetirse días o semanas más tarde, ni siquiera en meses. Este planeta no había migrado hacia el interior de su sistema para quedar sometido a temperaturas capaces de fundir metales por la cercanía a su estrella, sino que permaneció a una distancia prudencial desde su formación. Casi catorce años terrestres fueron necesarios para que este lejano sol volviese a ser eclipsado por el gigante, pero para entonces los ojos de la humanidad ya estaban vueltos por completo hacia esta región del cielo.

Mientras el coloso seguía su camino impasible regido por las leyes de la mecánica celeste, cambios de brillo y velocidad radial de mucha menor magnitud habían empezado a atraer la atención. Unos cuantos planetas mucho menores orbitaban la estrella en el interior del sistema, con órbitas de entre unos meses a un par de años. Pequeños planetas rocosos en mitad de lo que se consideraba la zona de habitabilidad, justo donde se esperaría encontrar una nueva Tierra, y cuyas masas no eran desproporcionadas. Cuerpos de este tipo empezaban a encontrarse en torno a varios astros, constituyendo los primeros pasos para responder una de las grandes preguntas de la historia. Cuando la sensibilidad de los espectrómetros aumentó lo suficiente, el estudio de sus atmósferas y composición no se hizo esperar, y fue entonces cuando la visión del puesto del mundo de origen de la humanidad en el cosmos empezó a cambiar para siempre. Durante décadas se había llevado a cabo una búsqueda con la esperanza de saber si la vida era posible en mundos diferentes al nuestro, tanto en el Sistema Solar como en otros, y tras tanto tiempo por fin había sido fructífera.

Resultó que no sólo uno, sino dos de los mundos de aquel lejano sistema bullían de vida. Las líneas de sus espectros eran claras, mostrando los ingredientes que formaban sus atmósferas sin lugar a equívoco, pero la interpretación de estas composiciones resultó en un principio perturbadora: no había forma de que procesos geológicos o inorgánicos conocidos o predichos pudieran mantener semejante desequilibrio químico. Pese a que la existencia de vida extraterrestre era la explicación más sencilla para este fenómeno, el encontrarla por primera vez en la historia en semejante abundancia y con tal nivel de desarrollo era algo tan difícil de aceptar por la mentalidad humana que se necesitaron años de comprobaciones y descarte de propuestas alternativas antes de dar por definitivo el descubrimiento. Pero una vez hecho, y superado el shock y el increíble revuelo inicial, la noticia fue aceptada más como una confirmación que como un hallazgo inesperado. Al igual que el primer descubrimiento de un planeta extrasolar en los últimos años del siglo anterior, éste había sido precedido por décadas de relatos e historias en las que se tomaba como algo dado por sentado, a la espera de que la mejora instrumental pusiera los hechos de su parte. La Tierra no era única en el Universo.



Este descubrimiento, sin embargo, traía consigo consecuencias que aún resultaban difíciles de asimilar. La relativa cercanía de la estrella, a apenas un parpadeo a escala cósmica, junto con la exuberancia de su sistema, parecían alimentar la hipótesis de que la vida se extendía por toda la galaxia. ¿Sería posible que la cercanía de dos sistemas solares con vida tan floreciente fuese sólo una increíble anomalía estadística? Parecía poco probable. Y así se reflejó en el desarrollo espacial en los años posteriores. Nuevos telescopios orbitales con mayores capacidades fueron lanzados, realizando un concienzudo escrutinio del cielo en busca de otros mundos llenos de posibilidades evolutivas. Algunos candidatos serían descubiertos con el tiempo, pero todos distaban mucho de ser tan claros y concluyentes. Mientras tanto, las mejoras en la instrumentación y los nuevos interferómetros permitieron seguir estudiando ese primer sistema, en el que la medición de la velocidad radial, de su curva de luz e incluso la imagen directa, permitieron descubrir un par más de gigantes gaseosos exteriores, y afinar las órbitas y tamaños de los ya conocidos.

Mientras las agencias espaciales aprovechaban el renovado interés para obtener una mejor y necesaria financiación, y la astrobiología se revolucionaba gracias a ello estudiando los primeros datos conocidos de lo que era verdaderamente su campo, la comunidad de astrónomos aficionados se multiplicó enormemente. Muchos eran los que querían echar un vistazo a esta estrella, y con cada vez un número mayor de personas en posesión de equipo que nada tenía que envidiar a modestos observatorios profesionales de una década atrás, los datos disponibles sobre este vecino sistema eran abundantes.

Fueron los mejores de estos datos, junto con los últimos avances en las tecnologías de observación profesionales, los que ayudarían a resolver uno de los pequeños misterios que planteaba este sistema. En ocasiones se detectaba lo que parecían tránsitos de objetos solitarios del tamaño de lunas planetarias, que ya empezaban a poder ser observadas, que no se correspondían con un desplazamiento Doppler de la estrella en consecuencia. Entre otras cosas se especuló que podría tratarse de pequeñas manchas solares, pero sus pasos por delante del brillante astro eran de una duración demasiado corta, y no tenían la variabilidad que se esperaría de tratarse de algo así. En cambio, lo que sí pudo medirse fue que la forma en la que ocultaban la luz de su sol presentaba desviaciones de lo que se esperaría si estos cuerpos fueran esféricos. Las sospechas de la comunidad científica, a la que cada vez le resultaba más complicado ser cautelosa antes de saltar a conclusiones que podrían calificarse de exóticas, fueron aumentando con el paso de los años, a medida que se confirmaba otra característica que presentaba un subgrupo de estos objetos. De una forma no explicable mediante la interacción gravitatoria, sus órbitas habían variado notablemente entre tránsito y tránsito.

Los científicos no se equivocaron cuando cambiaron la denominación de estos objetos. Gigantescas estructuras cuyo origen no podía ser natural orbitaban aquel sistema. Y algún tipo de civilización las estaba utilizando.


Sólo se podía especular sobre la función que podían desempeñar esas estructuras, pero había algo que sí estaba claro. Nos encontrábamos ante una muestra de inteligencia extraterrestre, y con un nivel tecnológico más avanzado que el humano, visible con nuestros instrumentos. La noticia tocó algo sensible en el espíritu de la humanidad, y las preguntas se multiplicaban. ¿Sabrían ellos de nuestra existencia? Era poco probable. La última luz que les habría llegado de nuestro sistema, del que partió hace más de un siglo, apenas habría empezado a mostrar los intensos cambios que produciría posteriormente nuestra especie en el planeta. Además era imposible ver un tránsito de la Tierra y el Sol desde su posición, por lo que el estudio de las características de la abundante vida terrestre sería más complicado, pero tal vez para su nivel tecnológico éstos no fueran grandes inconvenientes. Sin embargo, pese a todo esto, el dato que cautivó más mentes y apareció en bastantes más titulares era algo distinto: si no se habían perdido entre las variaciones del ruido de fondo, nuestras primeras emisiones de radio, radar y televisión llegarían a su sistema dentro de sólo unas décadas.

¿Serían sus hipotéticos habitantes capaces de recibir e interpretar estas señales? Y de ser así, ¿habría una respuesta? ¿Podríamos recibir la primera transmisión extraterrestre tras una espera inferior a los dos siglos? Había gente que opinaba que sí, y si los avances contra el envejecimiento continuaban desarrollándose a este ritmo, algunos podrían llegar a vivirlo. Y querían verlo. Era cierto que nunca se había recibido una señal de radio discernible desde aquel sistema, pero la humanidad misma estaba dejando de ser detectable en esas ondas con el cambio a lenguajes de transmisión digitales. Allí podría haber ocurrido algo semejante. De fondo, no obstante, había una cuestión más importante. De la misma forma en que sólo podríamos ser vistos tal y como éramos un siglo atrás, la luz que nos llegaba de aquel sistema tenía idéntico retraso. Quién sabía cuál sería el nivel tecnológico de aquella civilización cuando fueran conscientes de nuestra presencia. Si habían desarrollado el viaje interestelar, era incluso posible que se produjera un encuentro en un futuro. ¿En qué posición estaríamos? Era evidente que llevaban mucha ventaja por delante, la suficiente como para que no les resultase nada difícil someternos o eliminarnos si fuese considerado conveniente.

Sin embargo eso no nos amedrentó. Más bien al contrario, la tecnología espacial empezó a desarrollarse con más impulso que el que el descubrimiento de vida extrasolar le había proporcionado inicialmente. Tal vez fuese esta especie de competencia no proclamada oficialmente, pero presente como una posibilidad en los pensamientos de muchas personas, lo que había faltado en las décadas anteriores para que el ser humano se expandiera por el Sistema Solar. En poco tiempo el número de misiones y estaciones espaciales aumentó, y la Luna empezó a ser pisada de nuevo de cara a establecer colonias permanentes. Pero lo más importante de ello fue el grado de colaboración internacional que se estaba alcanzando en estos proyectos. Parecía que el gran descubrimiento de una civilización distinta había surgido otro efecto en la percepción humana: consciente o inconscientemente, se asumió el concepto de la humanidad como "nuestra civilización", a la que todos pertenecíamos sin distinción. Las asperezas y antiguas rivalidades entre potencias parecían estar pasando a un segundo plano, frente al progreso mutuo que la especie estaba logrando en este insignificante rincón del Cosmos. Y los avances eran notables. La colonización del espacio repercutía con mejoras sobre el nivel de vida, mientras que la presión sobre los preciados ecosistemas de la Tierra empezaba a disminuir. Seres humanos pisaron Marte, y vida microbiana acabó por ser descubierta en el planeta rojo, tan cerca pero paradójicamente nunca vista hasta entonces, aumentando el convencimiento de que la vida abundaba en toda la galaxia. Más misiones para buscarla en cualquiera de sus formas fueron enviadas a Venus y los planetas exteriores, haciendo gala del optimismo resultante de haberla encontrado repartida en las estrellas.

Mientras la humanidad desarrollaba sus propias estructuras espaciales en la forma de hábitats, centrales de energía y velas solares, mantenía sus ojos en el cielo. La estrella con la que había empezado todo era escudriñada constantemente para ver qué más se podría aprender de sus habitantes. Las técnicas fotométricas ya permitían incluso obtener rudimentarios mapas de la superficie de sus planetas, e incluso se estaba proponiendo seriamente enviar un gran telescopio espacial al punto en el que el Sol enfocaba gravitacionalmente la luz de aquel lejano sistema, lo que permitiría analizarlo con un nivel de detalle sin precedentes.

Y es que había una lección que se había aprendido observando los movimientos de aquellos seres. Una lección quizás más importante que ninguna otra, y cuya influencia se notaba en muchos de los grandes acontecimientos de esos últimos años. Una lección que llenaba de esperanza a una especie que había vivido en la incertidumbre de la posibilidad de autodestrucción en el siglo anterior. El poder ver una civilización mucho más avanzada medrando en otro sistema era la prueba de que la adolescencia tecnológica que varias veces estuvo a punto de exterminar nuestra cultura podía superarse.

Nuestra supervivencia, y la expansión de nuestro legado por el Cosmos, eran posibles.



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Para saber más:

La enciclopedia de los planetas extrasolares

Eureka: Sistemas exoplanetarios

How lucky would Kepler have to be to see us?

The far future of exoplanet direct characterization


Neil DeGrasse Tyson sobre la posibilidad de detección de las señales de radio terrestres

La Orilla Cósmica: Velocidad de escape de la longevidad

La Orilla Cósmica: Salvar la Tierra colonizando el espacio

Entradas en La Orilla Cósmica sobre colonias y hábitats espaciales

La Orilla Cósmica: IKAROS y LIGHTSAIL (Velas solares)

Eureka: Mapas de otros mundos

The FOCAL Mision: To the Sun's Gravity Lens

Eureka: Cómo detectar vida más allá del Sistema Solar


Carl Sagan: Un Punto Azul Pálido

Ayer, 6 de noviembre, se celebró el Segundo Día Anual de Carl Sagan, celebrando el 76º aniversario de su nacimiento el 9 de noviembre de 1934. Tratando de pasar unos momentos disfrutando de su sabiduría y apacible voz, busqué un vídeo que me maravilló el año pasado y aún lo sigue haciendo, en el que alguien había añadido música e imágenes a un fragmento de su magnífico libro Un Punto Azul Pálido. Esta obra, que por desgracia aún no he terminado de leer, la recomiendo a todo el mundo, sin excepciones. Tal vez si más gente la leyera, la sociedad en su conjunto tendría una visión más profunda del mundo y el Universo que nos rodea, con su sentido de la maravilla desbordado por todo lo que la naturaleza tiene que ofrecer.

Tratando de compartir lo que uno siente al disfrutar del legado de Sagan, enlazaré aquí lo que acabé encontrando mientras buscaba aquel vídeo. Resulta que éste no era el único que se había creado. Esa pequeña joya era sólo el primero de una serie, que probablemente durará hasta que gran parte del libro haya sido adaptado a este formato. La página web del creador es Milky Way Musings, y en ella se pueden encontrar la información relativa a cada vídeo, descargas del audio en mp3, los documentales de los que están extraídos los fragmentos que forman las imágenes de cada uno, e incluso enlaces a las versiones que otros usuarios han subido a YouTube con subtítulos en varios idiomas. A continuación, dejo las versiones subtituladas en español, para que cada uno pueda disfrutar de ellas. Todo junto no dura más de 40 minutos, y aseguro que realmente vale la pena…


Carl Sagan: Un Universo No Hecho Para Nosotros




Carl Sagan: Observa De Nuevo Ese Punto Azul Pálido




Carl Sagan: Nómadas




Carl Sagan: El Regalo del Apolo




viernes 5 de noviembre de 2010

Carl Sagan entrevistado por Ted Turner

A través de un tweet de Spacefuture retwitteado por Daniel Marín en el que se enlazaba un vídeo en el que Carl Sagan respondía a la pregunta "¿Es usted un socialista?", descubro una interesantísima entrevista de 1989 al fallecido divulgador por parte de Ted Turner en la CNN, de la que el vídeo formaba parte. He decidido recopilar los vídeos en una lista de reproducción y ponerlo aquí, para que quien no me tenga como contacto en Twitter o Facebook también lo pueda encontrar. La única pega es que no tiene subtítulos, de modo que a quien le cueste el inglés tal vez le resulte algo difícil entender.

En un año en el que la Guerra Fría ya está llegando a su fin, Carl Sagan hace unas interesantes reflexiones sobre nuestra supervivencia como especie, los beneficios del programa espacial, la búsqueda de vida en otros mundos y la importancia de la educación, entre otras. Dado que mañana se celebra el 2º Día Anual de Carl Sagan, qué mejor forma de celebrarlo que escuchar sus sabias palabras, y pensar sobre el mundo que tenemos alrededor. Disfrutad.




jueves 4 de noviembre de 2010

Sobre la homeopatía

Quienes leéis este blog sabéis que no suelo escribir mucho sobre las pseudociencias que son más comunes en nuestra sociedad, tales como la astrología, la homeopatía, las pulseras mágicas y otras varias. Dado que hay otros blogs más especializados en estos temas, y que hacen un mejor trabajo que el que podría hacer yo argumentando por qué no funcionan, considero más útil tratar de difundir por las redes sociales los enlaces de estos compañeros lo máximo posible.

Precisamente hace unos días ha visto la luz un proyecto en el que participaban varios de los colaboradores de Amazings.es, que consistía ni más ni menos que en crear una página web explicando claramente qué es la homeopatía, cómo surgió, en qué se basa, qué pruebas hay de su eficacia y cómo funciona realmente, además de aportar una serie de aclaraciones a preguntas que surgen frecuentemente sobre la misma. El objetivo era posicionarla lo más alto posible en las búsquedas en Google, de forma que quien tratase de buscar información sobre esta práctica encontrase explicaciones objetivas y racionales, y no sólo webs de practicantes o empresas dedicadas a ella.

De forma en absoluto inesperada, voces criticando a este nuevo recurso, a Amazings.es y a los escépticos en general hicieron también su aparición defendiendo a la homeopatía. Una de ellas fue enlazada por Fernando Frías en la lista de correo de Amazings, y consiste en un artículo en una web homeopática llamado "Homeopatía y sus detractores". Éste está lleno de falacias ya conocidas, tales como "la opinión de los escépticos es tan válida como cualquier otra", que la homeopatía "está integrada en los sistemas sanitarios de varios países y [sus] remedios se venden en farmacias" como muestra de su validez, que como la ciencia no sabe la verdad absoluta y aún quedan cosas por descubrir no se puede decir que sabemos que la homeopatía no funciona, y que si alguien critica algo por no ser demostrable empíricamente tampoco debería creer "en los sentimientos, el estrés o la depresión", entre otras varias.

Pero lo que me motivó a escribir esta entrada fue el leer lo siguiente (énfasis suyo):

Y cuando el médico de cabecera, no homeópata, le dice a un estresado hombre de negocios que es precisamente el estrés el que le está causando todos sus síntomas ¿pensarán los escépticos que eso son tonterías? Y cuando una mujer pierde todo el cabello, sin motivo médico aparente, tras una larga pena, luto o padecimiento ¿pensarán ellos que una cosa no está relacionada con la otra?

El fondo de la cuestión. Esa es la gran aportación -que parece pasar inadvertida para los escépticos- y la gran diferencia de la homeopatía respecto a la medicina oficial: que entiende al ser humano como un todo y busca de forma individual en cada persona aquello que no funciona a nivel emocional, mental y por supuesto físico, con el diagnóstico médico. Sin duda es una visión más completa de la salud y del individuo.

Bien, supongamos que ésta sea la principal diferencia. Y sabemos que el estrés tiene efectos adversos sobre la salud (es un hecho empírico y contrastado, aunque el autor parece ignorarlo). Tenerlo en cuenta a la hora de diagnosticar al paciente puede ser importante, porque su influencia está probada. Aun así, ¿me podrían aclarar cómo puede llevar esto a justificar la venta de placebos hechos de agua o azúcar a un precio desorbitado, a la vez que se hacen afirmaciones sobre su modo de actuación que requerirían cambiar gran parte de lo que sabemos sobre el mundo gracias al método científico y la experimentación? Porque es esto último lo que se critica por parte de los escépticos. Si esos dos párrafos son una defensa de la homeopatía en general, no entiendo por qué sólo tiene que ver con el modo de actuar del homeópata y no con lo que es la homeopatía en sí: el sistema que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían al hombre sano síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir (RAE). No es que no se haya podido demostrar que este método funcione, como se afirma en esa web, no. La crítica a la homeopatía es precisamente porque está suficientemente probado que sus productos no tienen efectividad más allá de la de un placebo.

La única forma en la que veo que tendría sentido la argumentación que el autor del artículo hace en el fragmento que cito, es que al dar el placebo al paciente junto con la atención personalizada se reduciría su nivel de estrés, reduciendo los efectos psicosomáticos que éste pudiera producir. El paciente podría sentirse mejor, pero sin embargo esto no tiene por qué significar que se está curando. De hecho, es precisamente el abandono del tratamiento médico en favor del homeopático lo que causa más muertes relacionadas con estas prácticas.

Y mientras tanto, cada vez más universidades dan pábulo a este tipo de pseudociencias, dando argumentos (aunque falaces) a sus defensores con los que convencen a mucha más gente. Tal vez sea hora de que se empiece a hacer algo.


lunes 4 de octubre de 2010

¿Creo en Dios?

Dado que las entradas que tengo pendientes de publicar requieren tiempo para ser terminadas, y que, como siempre, ando bastante liado, he pensado que podría ser buen momento para rescatar la respuesta a una pregunta que me hicieron hace un tiempo en forspring.me, y que considero que tal vez debería tener su lugar propio aquí en el blog. La pregunta la hizo Nian506, y es la siguiente, con su respuesta a continuación:


¿Crees en Dios?

Eso depende de lo que entiendas por Dios.

Hay definiciones con las que no tendría ningún problema (por ejemplo, Dios es el propio Universo, Dios es la indeterminación cuántica, Dios es lo que quiera que fuese que provocó el Big Bang, etc.). Se define como Dios a algo que ya consideramos que está ahí según nuestro nivel de conocimiento actual (si surgieran nuevas teorías y experimentos que probasen de forma sólida que, por ejemplo, la indeterminación cuántica en realidad no existe, este caso en particular pasaría al tercer grupo, explicado más abajo, recalco que esto es un ejemplo).

Si la definición de Dios que utilizas implica que es indemostrable que exista o no, entonces significaría que su existencia no tiene efecto apreciable a ningún nivel, y por tanto creer o no sería irrelevante. La navaja de Ockham desestimaría esta opción. Digamos que no sería práctica la creencia, ya que sólo sería un añadido a la forma de ver el mundo que en este caso no sería capaz de aportar información nueva.

Si en cambio esta definición implica la violación de leyes físicas soportadas por siglos de experimentación, se necesitarían buenas pruebas (y por definición su existencia tendría efectos medibles) que demostraran su caso para poder aceptar que exista. Sin esas pruebas puede que exista o no, pero estaríamos en el segundo caso, y creer en esta entidad no sería práctico.

Esto debería darte una guía de qué pienso al respecto. Según la definición de Dios que escojas puedes ver en qué grupo encaja y ver mi opinión.



Responder a esta pregunta es algo más complicado de lo que puede parecer en un principio, ya que la propia definición detallada de "Dios" varía de unas personas a otras. En una entrada anterior, un comentarista me clasificó como ignóstico, y aunque no me gustan las etiquetas, creo que en realidad es lo que más se acerca a mi forma de pensar.

Digamos que sería lo que considero más lógico.


sábado 11 de septiembre de 2010

Marte

Éste es un relato que escribí para la asignatura de valenciano cuando estaba yo en 3º de E.S.O. el 19 de diciembre de 2002, y dado que hasta dentro de unos días no podré volver a un ritmo aceptable de publicación, he pensado que podría compartirlo con vosotros. A finales del curso presenté el relato al concurso literario del instituto y fue el ganador, aunque no proclamaré esto muy orgulloso porque según me contaron, en la categoría de relato en valenciano "sólo se presentaron dos personas y el otro estaba muy mal". En fin xD

Se me hace curioso ver cómo se me ocurrió que podría ser una misión a Marte en aquella época, aunque la configuración que usé no se ajustaba a ninguna de las que creía que la NASA estaba considerando. La fecha en la que tiene lugar la historia parece irrealmente optimista en estos momentos, pero hace apenas siete años no lo era, en absoluto. Cómo cambian las cosas.

El relato lo traduje al castellano en 2005, y lleva desde que lo escribí rondándome la idea en la cabeza de ampliarlo y convertirlo en algo mucho más largo, quizás una novela, pero creo que para llegar al nivel de detalle que me hubiera gustado en un principio necesito muchos más conocimientos de geología planetaria. Estos planes, de darse en algún momento, estarían tan lejanos en el futuro que lo mejor va a ser publicar como detalle nostálgico el relato en su forma original.

Disfrutad.

*   *   *



Año 2028. Base marciana Gamma, al norte de Sinai Planum, Marte.

La vista sólo abarca un paisaje desértico de color marrón rojizo, con rocas del mismo color, al igual que el cielo. En este paisaje hay una serie de estructuras de color blanco, entre las cuales se encuentra un invernadero, una fábrica de combustible, un depósito de muestras, etc. Hay dos vehículos de exploración presurizados acoplados a una de las estructuras, de forma cilíndrica y más grande que las otras: el módulo habitable principal. En la cámara de investigación de este habitáculo hay dos hombres, de entre veinte y treinta y cinco años de edad, estudiando las rocas recogidas el día anterior a tres kilómetros de la base. De repente entró el tercer habitante de éste, la función principal del cual era encargarse de las comunicaciones.

– ¡Bob! ¡John! Escuchad esto. Los miembros de la base Delta tienen problemas.

Justo después, pulsó el botón que emitía las transmisiones por megafonía, y se escuchó la voz de una mujer por todos los altavoces:
– Aquí Jeena Harping, de la base de exploración marciana Delta: necesito ayuda. En una misión rutinaria de recogida subterránea de rocas, a dos kilómetros al oeste de la base, ha cedido el suelo al perforarlo y tanto Max como yo hemos caído a una especie de cueva con agua líquida en su interior; repito, una cueva con agua líquida en su interior. No obstante, ésta se ha ido congelando a causa del contacto con el aire del exterior, y estoy atrapada por el hielo. Max está inconsciente, y los vehículos robotizados no pueden llegar hasta aquí. Solicito ayuda urgentemente. Mi reserva de oxígeno no durará más de cuatro horas. Base Delta, responda. Aquí Jeena Harping, necesito ayuda. Max y yo hemos caído…

Bob y John se quedaron asombrados al escuchar esta transmisión.
– ¿Agua líquida? ¡Es imposible! ¡Debe ser una broma, Mike!
– No lo sé, Bob, de esta transmisión me ha advertido James, el técnico de comunicaciones de la base Delta. Ninguno de nosotros hemos podido ponernos en contacto con ella. Su receptor de radio de larga distancia se debe de haber averiado. Sin embargo su baliza de localización aún funciona, y tenemos las coordenadas de su posición. James me ha informado de que el rover que aún se encuentra en su base se está recargando, de manera que le es imposible ir él a rescatar a Jeena y a Max. Hemos de ir nosotros. Jeena i Max se encuentran a treinta y dos kilómetros de distancia.
– De acuerdo. Bob y yo iremos allí y tú informarás a la Tierra y mantendrás la comunicación con la base Delta. El rover número dos tiene las baterías al máximo. No lo hemos usado desde hace dos días. Tenemos que partir de seguida.
– Pues bien. Id.
John y Bob se pusieron los trajes presurizados y entraron en el vehículo a través del conducto que lo comunicaba con el módulo habitable.

Poco después, el rover número dos de la base Gamma se desacoplaba del edificio y emprendía el camino hacia el oeste. Cuando se encontraban a unos seiscientos metros del lugar del accidente, decidieron probar si el receptor de radio de corta distancia de Jeena aún funcionaba o también se había estropeado.
– Jeena Harping, aquí Bob Johnson y John Westell, de la base Gamma. nos dirigimos hacia donde te encuentras. ¿Continúas atrapada?
– Afirmativo, Bob, pero me gusta saber que alguien ha escuchado la transmisión. ¿Por qué no contestabais?
– Lo intentamos, pero tu receptor de larga distancia se debe haber averiado. ¿Cuál es tu estado?
– Continúo atrapada, pero bien. Está congelada la parte superior del agua, pero el resto continúa líquida. Aun así, no puedo liberarme de cintura hacia bajo golpeando el hielo o haciendo movimientos bruscos porque el traje podría desgarrarse. No tengo herramientas o piedras a mano. Venid pronto. No os creeréis todo lo que estoy viendo.
– De acuerdo. Intentaremos estar allí lo antes posible.

Poco después, el rover llegaba a un lugar donde, cerca de otro rover, había un agujero bien grande en el suelo. Después de ponerse el casco y los guantes de los trajes presurizados, Bob y John bajaron del vehículo. Al asomarse vieron una cueva, la parte inferior de la cual estaba cubierta por hielo. En el hielo se encontraba Jeena. Fuera de éste, sobre unas rocas, estaba Max, inconsciente. Jeena miró hacia arriba y los vio.
– ¡John! ¡Bob! ¡Por fin! Escuchad: sacad primero de aquí a Max, no sé si tiene heridas graves, o si se le ha roto el traje. Además, es más fácil: no está atrapado.
John bajó con el extremo de la cuerda de remolque del rover y algunas correas de sujeción. Una vez asegurado Max en la cuerda, Bob lo subió arriba. Después, John cogió una especie de martillo de su cinturón, rompió el hielo que atrapaba a Jeena y la ayudó a salir del agua. Los pantalones de su traje tenían unas extrañas manchas verdes. Entonces John vio eso tan increíble a que se refería Jeena: unos largos filamentos verdes salían de las paredes de las rocas cubiertas por el agua, y unos diminutos puntos verdes se desplazaban de unos lugares a otros. John no creía lo que veían sus ojos. ¿Podían ser formas de vida? Sin estar seguro, cogió algunas muestras. Después, él y Jeena subieron arriba. Más tarde, los dos rovers estaban acoplados a la base de exploración marciana Delta.

Ahora ya habían pasado unos días desde aquel incidente, y Jeena y Bob se encontraban en la sala médica del módulo habitable de la base.
– ¡Vida en Marte! ¿Te das cuenta de lo que significa eso? ¡Si se demuestra que eso eran seres vivos, se trataría del mayor descubrimiento en la historia de la humanidad!
– No sólo eso. El descubrimiento de aquella cueva podría explicar dónde ha ido todo el agua que había en Marte hace millones de años. Podría estar repartida por la superficie en cuevas como aquélla.
En eso, John entró en la sala acompañado de James.
– ¿Cómo está Max?
– Sigue inconsciente, pero sus heridas están mejorando.
– Oh, eso ya es bueno. Acabamos de transmitir a la Tierra los resultados de mis investigaciones y las imágenes que tomamos de la cueva y los seres que encontramos. Según mis conclusiones, aquéllos eran seres vivos. Los que pudimos ver eran una especie de alga y un invertebrado de medio milímetro de longitud, pero, además, en el agua había cientos de microorganismos de diversos tipos. Todo eso en sólo una parte pequeña de la cueva, de las cuales también podría haber muchas.

Días después, la Tierra envió un mensaje a la base marciana: a partir de las imágenes y los análisis químicos suministrados, los científicos terrestres habían llegado a las mismas conclusiones que John.
Ese día Max despertó, y al ser puesto al día por los otros, no podía creerlo. Pero cuando John le enseñó las muestras de aquellos seres, se entusiasmó tanto, que dio al grupo los ánimos que la confusión de aquellos días les había quitado. Durante semanas exploraron aquella cueva, y descubrieron otros seres nuevos.

Cuando, año y medio después, llegaron a la Tierra, recibieron otra sorpresa: ese año, concedieron a John, Bob, Jeena y Max el Premio Nobel.


Aquellas cuatro personas habían hecho el descubrimiento más maravilloso que podía haber hecho un ser humano. Habían encontrado vida en un planeta que no era la Tierra. Un planeta que nunca volvería a ser mirado de la misma manera: este planeta era Marte.